La
música que nos acompañó en 1946

Muy
curioso el documento que ha llegado a nuestras manos. Se trata de una
pequeña lista en la que se incluyen las marchas que la Banda del
Regimiento de Soria nº 9 interpretaría el Jueves Santo de
1946 tras la Virgen de la Victoria.
Llama notablemente la atención el reducidísimo número
de marchas, que no llegan a la decena, pero hemos de decir que en esas
fechas las bandas no solían llevar más de 15-20 marchas
de repertorio. Es un dato confirmado por varios documentos periodísticos
como el que mostramos y por músicos antiguos.
Tengamos en cuenta que el ritmo que llevaba una cofradía entonces
era más rápido que el actual, y que no se interpretaban
tantas marchas como hoy día.
Las
marchas que aparecen son las siguientes.
Cristo
de la Buena Muerte.
Compuesta por el violinista sevillano José Martínez Peralto
en 1943 y dedicada al titular de su hermandad de la Hiniesta. De un carácter
muy elegante y solemne, fue muy popular hasta los años 70, en que
cayó en desuso. Lamentablemente actualmente no se toca más
que en algún esporádico concierto.
Cristo
de la Sangre.
Celebérrima obra de Emilio Cebrián dedicada al mismo Cristo
de Torrijos (Toledo). Es una marcha interpretada en toda España
y era todo un clásico en Sevilla. Sin embargo, como tantas otras,
fue cayendo en el olvido, aunque hoy día se vuelve a escuchar tímidamente.
Corpus
Christi.
Aquí surge la controversia, pues vemos como autor de la misma a
Robert Cott.
Sabido es de todos que la tradicional Corpus Christi a la que estamos
acostumbrados siempre ha aparecido como anónima. Es cierto que
hay otras marchas del mismo nombre de Camilo Pérez Montllor o Vicente
Beovide, pero no hemos podido averiguar absolutamente nada sobre el referido
Robert Cott.
Si se trata de la marcha que todos conocemos, Cott podría ser el
copista de la partitura, pero si se trata de otra marcha distinta, poco
podemos aportar actualmente.
¡Descansa
en paz!
Ramón Roig (Cartagena -Murcia- 1847-1907) es conocido fundamentalmente
por el pasodoble La gracia de Dios. ¡Descansa en paz!,
cuya fecha de composición no hemos podido concretar, es una breve
marcha fúnebre de un estilo clara -y obviamente- decimonónico,
comparable a otras composiciones más o menos coetáneas como
La pobre Carmen de Juarranz o Un recuerdo de Eduardo Lucena.
Antiguamente se interpretaba muy asiduamente porque resultaba fácil
de tocar para los músicos.
Juana
de Arco.
En el S.XIX y, en menor medida, en el XX, había numerosas adaptaciones
de obras ajenas a la Semana Santa que se interpretaban en nuestras procesiones.
El ejemplo más conocido es Jone de Enrico Petrella. Juana
de Arco es obra de Charles Français Gounod, músico francés
de la segunda mitad del S.XIX. Data de 1873, aunque no sabemos a ciencia
cierta quién la adaptó a banda de música. Es una
composición habitual en el repertorio de la Hermandad de los Servitas.
Marcha
fúnebre.
Nos encontramos ante un caso similar al anterior, pero de mayor repercusión
y fama. Esta conocida pieza de Fréderich François Chopin
en 1837 -posiblemente instrumentada para banda por Emilio Cebrián-
es todo un clásico a nivel nacional. Aunque en Sevilla se escucha
muy poco, hay hermandades que nunca prescinden de ella en momentos puntuales.
Santa
María de Ripoll.
Solemnísima marcha de Juan Lamote de Grignon, músico barcelonés
nacido a finales del S. XIX. Fuera de Sevilla es una marcha bastante conocida,
pero a la vista está que se interpretaba tras nuestras cofradías.
La
Sagrada Lanzada.
Sin duda esta espléndida marcha fúnebre de Manuel Font Fernández
de la Herranz compuesta en 1928 y dedicada a la Hermandad de la Lanzada
fue siempre de una capital importancia. Tenemos muchísimos datos
que nos refieren la asidua interpretación y presencia en los repertorios
de las bandas de música. Hoy día es una marcha difícil
de escuchar (incluso en la hermandad a la que está dedicada), aunque
por fortuna nunca ha dejado de interpretarse.
Amarguras.
Poco se puede decir que no se sepa ya del himno oficioso de nuestra Semana
Santa. Es de las pocas que ha resistido el paso del tiempo sin altibajos.
Por algo será
Una
vez revisado el repertorio completo podemos hacernos una idea de cómo
era el carácter que rodeaba al paso de palio el Jueves Santo. Es
una música mayoritariamente seria y sobre todo muy solemne, con
algunas pinceladas fúnebres, lo que la acerca parcialmente a la
que se interpreta hoy día el Jueves Santo.
Nos
surge la duda de si estas marchas constituían el repertorio de
Soria 9 para toda la Semana Santa o sólo para la Hermandad de las
Cigarreras. Tras hacer diversas consultas tendemos a pensar que era específico
para las Cigarreras, ya que con seguridad en esas fechas también
Soria 9 tocaba marchas como Mektub y El héroe muerto
de Mariano San Miguel, Dies irae de José Franco Ribate,
Cristo ha muerto de Víctor Alvarado, Pasan los campanilleros
y La Estrella Sublime de Manuel López Farfán, Jesús
de las Penas, de Antonio Pantión, etc.
Por lo tanto, es muy probable que cada hermandad escogiera una serie de
marchas de entre todas las que presentaba la banda, tal como en la actualidad.
El
documento aparece firmado por Faustino del Río, que fue director
interino de Soria 9 entre 1944 y 1946 y antecesor de Juan Vicente Más
Quiles.
A la vista está que no siempre se han interpretado las mismas composiciones
en Semana Santa. Unas siempre han estado presentes y lo siguen estando.
Otras, lamentablemente, cayeron en el olvido, aunque por fortuna sus partituras
son fáciles de encontrar. Poder escucharlas tras nuestros pasos
nos retrotraería a épocas pretéritas que, en muchas
ocasiones, fueron mejores.
José
Manuel Castroviejo López,
con la colaboración de
Ignacio Rodríguez Planas.
Publicado en el Boletín Columna y Azotes (Hdad. de
las Cigarreras)
Sevilla, Febrero 2006
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