Grandes Marchas

Esperanza (Manuel López Farfán, 1899)

Juan Antonio Barros Jódar

5 de Septiembre de 2004


Una marcha magistral, digna hija del ingenio del maestro de San Bernardo.

Los ocho primeros compases presentan una introducción fúnebre, cargarda de sentimiento doloroso, aunque no exenta de energía. La sencillez y elegancia con que se resuelve esta breve y sentida exposición dan fe de la maestría indiscutible de su autor.

El primer tema, también en modo menor, es una elocuente disertación musical acerca del sentimiento doloroso. Nobleza y sinceridad a dos voces. Más que canto y contracanto, diálogo en perfecta conjunción. Una característica ya señalada de esta obra es la luminosidad serena con que es expresado el dolor. No hay patetismo dramático, sino sinceridad elocuente.

En lugar del tradicional fuerte de bajos, Farfán despliega un segundo tema luminoso, que nos hace sentir reconfortados y nos inunda de serenidad y esperanza.

Sin transición alguna, encontramos una reexposición parcial del primer tema que conduce directamente al trío, también en modo mayor. Delicadísimo, angelical, pero no por eso menos brillante y arrebatado.

En resumen, Farfán en esencia. Elegancia, maestría, sobriedad y brillantez. Y todo ello sin el menor alarde, sin hacer ruido.

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