Grandes Marchas

La Estrella Sublime (Manuel López Farfán, 1925)

Marcelo Gálvez Jiménez

13 de Enero de 2005


Marcha paradigmática sin lugar a dudas, supuso las bases de un nuevo estilo compositivo (comenzado a gestar por Beigbeder años antes) en cuanto a la creación de música procesional; ni qué decir tiene que esta marcha ha servido de modelo estructural y musical a todas cuantas, del mismo estilo, hayan venido después. El principal problema con que nos encontramos a la hora de aproximarnos a ella con intenciones analíticas es que existen cantidad de versiones distintas por lo que no todos tenemos la misma versión, así que resulta difícil saber cual es la que se acerca más a la que dejase escrita el maestro de San Bernardo, no obstante, procuraremos hacer una aproximación lo más general posible.

La marcha comienza en Do mayor y acaba en Fa mayor, lo que me hace suponer que es posible que existiese primitivamente un da capo (repetición desde el principio) olvidado o elidido y que probablemente llegase justo después del tema principal, aunque esto se trata tan sólo de una elucubración personal, más o menos justificada por alguna que otra versión que he podido ver. Realmente, es posible que el propio autor no lo pusiese o que habiéndolo puesto, lo quitase posteriormente.

Comienza la marcha con una brillante introducción en fortísimo protagonizada por el canto de cornetas y trompetas a las que responden los trombones mientras que el resto de la banda juega con las notas de los acordes, tónica y dominante.

Tras esta introducción, nos llega un breve tema principal en pianísimo, en el que la madera interpreta una suave y elegante línea melódica, sobre la que prosigue un canto de cornetas y trompetas algo más pausado que el de introducción, los saxofones realizan un relleno armónico. Entretanto, los trombones mantienen un línea rítmico-armónica de carácter sincopado.

Terminado este tema principal, nos llega un arrollador y fortísimo tema secundario en el relativo menor protagonizado por los metales graves, lo que vulgarmente se conoce como fuerte de bajos, tras el cual se repite el tema principal aunque esta vez en fuerte. De este modo, acabamos con la sección A de la marcha.

Llegamos al trío, sección B de la marcha, que se repetirá dos veces: una vez en pianísimo y otra en fortísimo. La madera interpreta una dulce melodía, mientas que saxofones y trompetas mantienen la armonía mediante notas largas, lo que podemos llamar para entendernos colchón armónico. Bajos y trombones mantienen la línea armónico rítmica tan característica. Al repetir en fortísimo, los saxofones y bombardinos realizan un logrado contrapunto.

Podemos concluir afirmando que esta marcha supuso un hito importante en la concepción de marchas de las que denominamos alegres por el empleo que hace de cada elemento, muchos han sido y son los compositores que han querido crear marchas siguiendo el estilo que terminó por desarrollar Farfán con un aire fresco, alegre y sin grandes complicaciones con el que supo llegar a todos, en una marcha celebérrima como es ésta.

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