Actualidad

Sinfonía eterna (a la memoria de José de la Vega)

Mateo Olaya Marín

28 de Abril de 2010



Miembros de la Asociación Cultural "Amigos de las Posadillas" junto a José de la Vega y Fco. Javier Gutiérrez Juan

Sinfonía eterna que sube al cielo. Sinfonía eterna que nunca dejará de estar junto a nosotros y que visitará los atriles cada primavera para poner el contrapunto musical a esa fórmula conquistada que es el palio. Sinfonía eterna como aquella que sonó un Martes Santo en Capuchinos entre marfiles y lágrimas de ángeles, con el maestro asido a un bastón y siendo el hombre más feliz en aquel instante. Sinfonía eterna como aquella que sonó un Jueves Santo tras el palio de la Virgen del Valle y la Catedral recortándose tras su trasera. Tejera bordaba también su manto con las apoyaturas del comienzo, los quiebros melódicos de los clarinetes y la opulencia sonora de sus sublimes trompas. Sinfonía para toda nuestra vida.

De luto está el círculo orquestal español. De luto están las bandas de música. De luto está Córdoba y Sevilla, hermandades como los Dolores, el Císter o el Valle; bandas como Maestro Tejera, Expiración de Málaga o Esperanza de Córdoba. De luto está nuestra Semana Santa y su música. Y de luto, claro, están sus Dolorosas: la Virgen del Valle, la Esperanza Divina Enfermera, la Reina de los Ángeles.

En la mañana de hoy hemos recibido la triste noticia del fallecimiento de José de la Vega Sánchez, gran compositor cordobés afincado en Madrid, músico de enorme talento que con su adiós nos despoja a todos del calor de su fina y elegante figura.

Vino al mundo en 1929, en el barrio de Santiago de Córdoba. Estudió de pequeño con Pedro Gámez Laserna y pronto, ya de joven, recaló en Madrid donde viviría el resto de su vida ejerciendo profesionalmente la música. Violinista de fuste, formó parte de la Orquesta del Conservatorio, de la Filarmónica de Madrid y de la Sinfónica de RTVE, siendo más tarde asesor musical para Radio Clásica de RNE.

¿Y dónde está su eternidad? En sus melodías. De la Vega componía cantando. Se afanaba en trascender sus sueños y plasmarlos en papel pautado. Sus melodías eran cantábiles, preciosas, buscadores incesantes de la perfección y la belleza, claras como el manantial natural y tan expresivas como capaces de remover nuestras entrañas.

Él mismo reivindicaba en su música el andalucismo y españolismo que emergía en cada corchea. Su melodía era el trasunto de su mejor violín. Esas líneas inspiradísimas que era capaz de trazar alcanzaban cotas insospechadas hasta entonces en la historia de la marcha procesional. Las instrumentaciones siempre se caracterizaron por ser complejas y detallistas, con rasgos muy orquestales.

D. José experimentó los lodos del ostracismo. Su nombre irradió en las cofradías tarde, muy tarde, aunque a tiempo. "Valle de Sevilla" (1990), hermosa como pocas y una de las mejores de la historia, entró en la hermandad por la puerta de atrás. Pese a que se estrenó y la extinta banda de música de la hermandad de la Esperanza de Triana la grabó, no fue hasta que la adoptó el director de la Banda Municipal de Sevilla, Fco. Javier Gutiérrez Juan, para el doble disco "Maestros de la Pasión" (2006) cuando rápidamente conquistó a todos cuantos la escuchaban, convirtiéndose en pocos años en una de las composiciones más interpretadas en la Semana Santa andaluza.

El fenómeno era llamativo. Aquel disco le apadrinó sin duda. Le dio el espaldarazo y el merecido reconocimiento que le había sido esquivo. "Servitas de San Marcos" y "Triana, tu Esperanza" fueron las restantes obras contempladas en el trabajo y refrendaron la calidad de un compositor extraño a los ojos y oídos del cofrade.

Al final se obró el milagro y Córdoba abrió sus brazos para homenajearle un uno de diciembre del 2007. Lo hizo a través de grandes cofrades de la hermandad del Císter, auspiciados bajo la Asociación Cultural "Amigos de las Posadillas". Mujeres y hombres que consiguieron que D. José gozara de las mieles del reconocimiento popular, con un memorable concierto donde la Banda de Música del Maestro Tejera interpretó diversas marchas suyas y se estrenó "Ángeles, Reina -música para un ángel-", tan especial en su concepción como expresión, precioso poema sinfónico para la hermandad cisterciense del Martes Santo.

Al poco tiempo la hermandad de los Dolores, con quien José de la Vega mantenía el único lazo de devoción con Córdoba, veía estrenada su marcha "Los Dolores", con letra de Jesús Cabrera y estrenada con el acompañamiento coral en el Círculo de la Amistad en enero de 2008 por la banda de música de la Expiración de Málaga. "Gólgota", "Pasión por Macarena", "La Esperanza", "Niña Guadalupe" o "Santa Ana" fueron algunas de las marchas que d. José compuso en estos últimos años en tan poco lapso de tiempo y que simbolizaban ese repentino gusto por su música que frenéticamente se extendía por todos los lugares.

Hoy muchos  le lloran y miramos al cielo para buscarle. Lo hacemos acunados por el crescendo final de "Valle de Sevilla", tan poderoso e inquebrantable, tan invulnerable, que nos hace sumergirnos en una sensación inefable de alegría desbordante. O en los brazos del fortísimo de "Ángeles, Reina",  que nos reconforta y recobra la exultación sobre timbales que nos conducen al determinante final, metáfora de la esperanza de la Resurrección.

Maestro, descanse en paz.

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