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Crónica musical de la salida extraordinaria de Ntra. Sra. de los Ángeles, Córdoba

Mateo Olaya Marín

19 de Septiembre de 2005


Así se titulaba un artículo de mi amigo José María Tron, el cual tomo prestado para ilustrar en esta ocasión la crónica musical de la salida extraordinaria de Ntra. Sra. de los Ángeles en sus Misterios Gozosos, titular de la Hermandad del Císter de Córdoba, que tuvo lugar el pasado sábado 10 de septiembre.

Cuántos secretos atesorará celosamente la cordobesa plaza de Capuchinos, cuántos encuentros, cuántas emociones, cuánta historia. Revestidas de cal e incienso, las paredes de este recoleto y emblemático rincón aparecen mirando al Cristo de los Faroles, que preside el lugar como testigo mudo de lo que allí sucede. Mientras que los minutos pasan y el momento se acerca, deambulan algunos coches de caballos, turistas curiosos y, por supuesto, cofrades nerviosos. La brisa septembrina nos anuncia que Córdoba presenciará una jornada de vital relevancia en el plano musical, aspecto a reseñar en este artículo; con carácter pionero para lo que nuestra memoria llega a alcanzar, puesto que los nostálgicos seguimos intentando retrotraernos, sin éxito, a las épocas boyantes de la Banda Municipal y la Militar de Lepanto, con ese dúo directoral de enjundia como fue el compuesto por Dámaso Torres y Pedro Gámez. Pero los años pasan y los buenos repertorios son cada vez más anecdóticos, por desgracia.

Son las ocho y media de la tarde y el cortejo empieza a peregrinar. Báculos e insignias de diversas cofradías cordobesas anteceden a las filas de hermanos del Císter; los ciriales preconizan la inminente salida del paso de la Reina de los Ángeles. El consabido Himno Nacional rubrica la estancia de la bellísima talla de la imagen en la plaza y el crisol artístico del paso, con un exorno elegante en todos los sentidos, tiene en el acompañamiento musical el mejor de los complementos para constituir una espectacular conjunción plástica. Es la egregia Banda de Música "Maestro Tejera" de Sevilla la encargada de poner las notas de oro.

"Ntra. Sra. de los Ángeles -Ángeles del Císter-" abrió el prometedor listado de grandes marchas procesionales que sonarían desde la salida hasta la entrada. Las primeras llamadas de trompetas de esta marcha, insignia perpetua de la cofradía, baluarte vivo de la música procesional cordobesa, nos enseñan al especial homenajeado, D. Pedro Gámez Laserna. El paso, bien comandado por el popular capataz "Curro", se acercaba por la estrecha calle de Ntra. Sra. de la Paz y Esperanza, perfecta desembocadura al Bailio. El momento, de difícil maniobra para los costaleros, fue adornado musicalmente por la esperada "Salve Regina Martyrum". El vergel sonoro que supone esta obra se iba desgranando con una generosidad pasmosa, sin fisuras por parte de la banda y grandiosamente canalizado por esa caja de resonancia que es el callejón donde sonó, magnificando aún más la armonía, por muchos soñada, e inundando la atmósfera de espiritualidad y misticismo, a la par que emocionando a la entrañable familia Gámez.

La comitiva caminaba rauda hacia el Convento del Císter al ritmo de la célebre "Pasa la Virgen Macarena", a la que le siguió otra espectacular interpretación, la de "Saeta Cordobesa", cuya exquisita saetilla firmó el contraste ante el triunfal y apoteósico final, subrayado por la cornetería de Tejera. Nuevamente, tal y como ocurre cada Martes Santo, se abordaron los acordes de "Ángeles del Císter" ante el convento, con la que se terminó, por el momento, con un quinteto musical laserniano de esos que cortan la respiración y arrancan la emoción.

Bordeando la plaza del Cardenal Toledo, y enmarcada por los compases de la archiconocida "Corpus Christi", la Reina de los Ángeles se adentraba en el dédalo de calles del casco antiguo. Desde ahí hasta otra de las citas musicales de referencia de la noche, la calle Burrell, tuvo lugar la ejecución de las marchas "Tus Dolores son mis Penas" (Antonio Pantión) y "Mª Stma. del Subterráneo" (Pedro Gámez) Pasada la plaza de las Doblas, para enfilar Burrell, se hizo patente un ligero mutismo, el necesario para escuchar la lánguida melodía de "Expirando en tu Rosario", obra póstuma de Pantión para Córdoba, en la que se denotaban ciertas deficiencias por parte de la banda, que no dominaba la pieza como nos hubiera gustado. Aún así, el momento fue para no olvidar y nos recordaba a todos dónde tiene Córdoba otro puntal musical.

Yuxtapuesta a la anterior marcha procesional, la octogenaria "La Estrella Sublime" derramaba una alegría y gozo que no ha perdido vigencia desde su estreno, allá por 1925. Desde Farfán hasta Fulgencio Morón, pues era "Cristo en la Alcazaba", con repetición incluida, quien dirigió el rumbo del cortejo dirección a la plaza de Chirinos. Maestro Tejera continuaba con su recital rubricando nuevamente su buena cornetería con "Virgen de las Aguas" (Santiago Ramos), acogiéndose después a la inspiración de Melguizo en "Paloma de Capuchinos", que tan poco suena en la Semana Santa cordobesa y tocando "El Cachorro -Saeta Sevillana-" (Pedro Gámez), jalonada por enrevesadas formas, de difícil ejecución y de tan brillante efecto.

Todo ello hacía que la cofradía se plantase ya cerca de San Miguel, concretamente por Ramírez de Arellano, donde otra rareza, "Cristo de la Sed" (Pedro Gámez y Juan Antonio Cuevas), discurría regia y solemne como ella sola. Circundando San Miguel aparecía por segunda vez "Tus Dolores son mis Penas", que incluso levantó algunos que otros tímidos aplausos, que dicho sea de paso se echaron de menos en determinadas ocasiones. Tras ésta última sobrevino la indeleble cadencia andaluza de "Sevilla Cofradiera", otra más del galduriense Maestro Gámez Laserna. Y del maestro pasamos al alumno de éste, D. Pedro Morales y su reconocida "Virgen de la Paz", con sones militares por Conde de Torres Cabrera, a la que le sucedió "María Stma. del Dulce Nombre" (Luis Lerate) y una tríada nuevamente también de la autoría de D. Pedro Morales: "Virgen de los Negritos", "Dulce Nombre de Jesús" y "Esperanza Macarena". La segunda sirvió para afrontar la entrada en Capuchinos, mientras que la tercera era el colofón a la procesión, dignísimo broche de oro para cerrar una noche de ensueño y que no podía escapar a la melodía nostálgica, afortunada como pocas, del trío final de "Esperanza Macarena". ¿Qué tendrá ese trío que siempre recuerda al epílogo de algo que se acaba y que tanto ha gustado, a cera desgastada y decrepitud de ánimos ante la terminación de lo ansiado y anhelado? Su trío es, resumiendo, el vivo retablo musical de una recogida.

Para concluir, quisiera resaltar los siguientes puntos y consideraciones:

- En primer lugar felicitar sinceramente a la cofradía por haber organizado algo tan especial, que desde el punto de vista musical no ha perdido intensidad e interés, constituyéndose en todo un ejemplo por su buena elección y exquisito atino. No nos debe extrañar si vemos esta hermandad en la calle cada Martes Santo.

- La Banda del Maestro Tejera estuvo a un nivel altísimo, salvando detalles, interpretando una serie de marchas, algunas de infrecuente audición y otras de más calado popular. Pero, en definitiva, escribiendo una página importante en este movimiento que persigue retomar corrientes estéticas hoy día en desuso.

- Atrás se quedaron algunas muy deseadas como "Virgen de la Cabeza", "Desamparo", "Ntra. Sra. de la Piedad" o "Ntra. Sra. del Patrocinio". Algo que dejó, si cabe la expresión, un pequeño sinsabor en los que las esperábamos. Ínfimas apreciaciones superadas por el constante disfrute que suscitó el repertorio musical.

¿Continuará?
ÁNGELES DEL CÍSTER (1978) Pedro Gámez Laserna
Tejera
Procesión extraordinaria de Ntra. Sra. de los Ángeles (Córdoba). 10 de septiembre de 2005

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