Opinión

La música, patrimonio artístico de las hermandades

José Luís González Rapela

5 de Febrero de 2005


La Semana Santa es quizá la celebración cultural y religiosa más importante de nuestra tierra. Amén del indudable contenido sacro y litúrgico de la misma, nuestra Semana Santa se enriquece gracias a un amplio bagaje artístico que engrandece el patrimonio de las hermandades: las imágenes devocionales, de gran valía artísica; la talla de nuestros pasos y tronos; la orfebrería de varales, candelería y respiraderos; los bordados de túnicas, palios y mantos; incluso la disposición de las flores en las salidas procesionales o los montajes de besamanos y besapiés, trabajos en los que la priostía demuestra su saber hacer y su arte "por los cuatro costados". Todos estos son elementos incuestionables y muy valorados del patrimonio artístico de todas las hermandades y cofradías.

Pero... ¿y la música? ¿Son conscientes las hermandades del riquísimo patrimonio musical que atesoran? ¿Es la música la "hermana menor" del patrimonio artístico cofradiero? Desgraciadamente, muchas hermandades "utilizan" las partituras de modo accesorio, puramente incidental; esto es, para alimentar el entusiasta ánimo de costaleros, capataces y de un pueblo espectador de una "performance" callejera plena de aplausos, vítores y lágrimas de emoción fácil, favoreciendo en ocasiones la interpretación de marchas de dudosa calidad. Pero una marcha procesional también engrandece los cultos externos de nuestras hermandades: sirven de acompañamiento a las imágenes de nuestra devoción, y ellas, representantes de nuestras creencias, merecen ser acompañadas por sones de calidad. ¿Qué sería de la Semana Santa sin Juan Manuel Rodríguez Ojeda? ¿Qué sería de ella sin Cayetano González o Manuel de los Ríos? ¿Qué, sin Juan de Mesa o Juan de Astorga? ¿Qué, en fin, sería de nuestra principal celebración sin Manuel López Farfán, Manuel Borrego o las "piedras" angulares de la música los maestros Braña, Gámez y Morales?

Frente a la reciente proliferación de marchas procesionales que adolecen de una evidente falta de calidad, sobresalen nombres tan indispensables como el siempre grandioso Pedro Morales, el cada vez más reconocido José de la Vega o la savia nueva de Manuel Marvizón, entre otros. Actualmente existe una corriente que lucha por darle el lugar que se merece a la música procesional: directores como José Manuel Bernal o Francisco Javier Gutiérrez; bandas de música como la de "Santa Ana" de Dos Hermanas o "Julián Cerdán" de Sanlúcar de Barrameda; incluso páginas web como www.patrimoniomusical.com y numerosos amantes anónimos de la música procesional (verdaderos "sibaritas" del género) que realizan un esfuerzo ímprobo por dar a conocer y difundir el patrimonio artístico musical de las hermandades.

Es intolerable que joyas musicales como "Salus Infirmorum" no suenen tras la Dolorosa de San Gonzalo debido a la desidia de la junta de gobierno; igual ocurre con "Nuestra Señora de la Encarnación" de Braña en San Benito o "Nuestra Señora del Socorro" de Gámez en El Amor. Aprendamos a valorar la música de calidad. Joyas ocultas en un baúl durante años esperan a ser rescatadas para engrandecer el patrimonio de las cofradías. Muchas de ellas ya están montadas por las bandas e incluso grabadas. Sólo falta que el pueblo, empezando por las juntas de gobierno y pasando por capataces y costaleros, comience a apreciar la música como parte importantísima del patrimonio artístico de las hermandades. Ardua labor.

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