Investigación

La música procesional y la Virgen de las Angustias

Mateo Olaya Marín

8 de Diciembre de 2009


Todo era distinto a lo que ven nuestros ojos y escuchan nuestros oídos hoy día. Antiguamente, bien en el primer tercio del siglo XX, en la postguerra, o en los no muy lejanos años setenta, el acompañamiento de una banda de música de plantilla completa tras un paso se daba en pocos casos. La carestía de medios, unido también a que la conciencia popular sobre la música como exorno era menor que la de nuestros días, se reflejaba en una pobre participación de las formaciones musicales. Las bandas de cornetas eran más propias de las cruces de guía y las bandas de música, cuando la nómina no estaba tan recargada como en la actualidad, incluso llegaban a alternar cada año el acompañamiento a las hermandades, como la banda municipal de Córdoba que rotaba por las distintas corporaciones. Lo que hoy es una constante, entonces era un privilegio al alcance de muy pocos.

En este sentido, la hermandad de las Angustias es una de las que más relación histórica guarda con la marcha procesional y sus formaciones musicales. Antes de llegar a la época actual de mayor especificación de los acompañamientos musicales, la Virgen de las Angustias era una imagen que ya había sido venerada a través de la música. En los inicios de la eclosión bandística como pura extensión de las traseras de los pasos procesionales, las Angustias gozaba de un acompañamiento concreto y exclusivo. Curiosamente, empezó con la banda de cornetas y tambores de Ntra. Sra. del Sol de Sevilla en 1982 (coincidiendo con el primero año de la cuadrilla de hermanos costaleros) pero al poco tiempo se optó, con acierto, por el sonido elegante de una banda de música, más apropiado para el grupo escultórico con el que tiene la dicha de hacer estación de penitencia esta hermandad en la noche del Jueves Santo.

Veintiún años con la banda de Calíope de Fernán Núñez

En 1987 se estrena tras las Angustias la banda de música del Círculo Cultural Calíope de Fernán Núñez, acompañando ininterrumpidamente hasta hoy, cumpliendo la nada desdeñable cifra de veintiún años tocando para la obra póstuma de Juan de Mesa. Todo un logro en estos tiempos que corren, de excesivas fluctuaciones entre bandas y hermandades. De hecho, es este binomio banda-hermandad uno de los distintivos de la Semana Santa cordobesa, cuando las confluencias entre el espacio urbano, el paso y la música ofrecen al espectador momentos gloriosos de belleza, entre lo etéreo y tangible, entre lo que se toca, se ve, se escucha y lo que se sueña a través de la música.

Era una joven banda fernannuñense que, con apenas siete años de vida, contactaba por primera vez con una de las mejores hermandades que a cualquier banda le gustaría tocar. Venían de hacer lo propio con la gloriosa Virgen del Socorro, y después, en 1989, comenzaron a tocar en la tarde-noche del Viernes Santo tras la Virgen de los Dolores.

Desde siempre la banda ha estado dirigida con madurez, pese a su relativa juventud, diligencia y un estricto y decoroso sentido musical. Tal es así que pese a llevar un repertorio realmente escueto, la calidad del contenido, salvo en contadas ocasiones, puede calificarse como muy buena. Como nostálgicamente recuerda el periodista Luis Miranda, que fue componente de esta formación, en 1990 y 1991 se incorporaron a la carpeta de reparto las marchas "Mater Mea" y "Saeta Cordobesa" respectivamente. En aquellas calendas ya sonaban con profusión aunque pocos eran los que apreciaban su interpretación, muy al contrario de lo que sucede en la actualidad, donde lo que se toca, e incluso hasta cuándo se toca, tiene una trascendencia impensable hace quince años, como quien dice.

Otros títulos curiosos del repertorio y que pertenecían al elenco de rarezas, eran "Santísimo Cristo" de Marquina o "Santísimo Cristo de la Agonía" de Teruel Vidal, que también eran habituales escuchar al paso de la Virgen de las Angustias. La figura del eminente músico Enrique Báez estaba muy patente a través de casi todo su corpus de marchas procesionales, desde "Jesús Caído" hasta "Cristo de la Clemencia" o "Cristo Crucificado", una de sus partituras más desconocidas. La relación que mantenían Báez y la banda era tan estrecha que algunas de sus obras se llegaban a estrenar por ésta, como una de sus últimas marchas, "Santísimo Cristo de las Penas y Ntra. Sra. de los Desamparados", allá por el Jueves Santo de 1996 tras la Virgen de las Angustias.

Poco a poco el repertorio se iría engrosando con la incorporación de más marchas. El buen gusto ha imperado casi siempre en el nuevo material que la banda ha forjado con los años, hasta el punto de que hoy día, cuando la Dolorosa que sostiene el cuerpo inerte de Jesús atraviesa el compás de San Pablo, es fácil escuchar las notas de lo mejor de Báez ("Virgen de las Angustias" y "Jesús Caído"), Gámez Laserna ("Saeta Cordobesa" y "Salve Regina Martyrum") o Manuel Font y de Anta ("Amarguras" y "Soleá dame la Mano")

Decir Calíope de Fernán Núñez es evocar unívocamente un Jueves Santo cordobés en las Rejas de Don Gome escuchando "Saeta Cordobesa", como bien recreara Jesús Cabrera en su homónimo artículo. Son los recuerdos que esta banda ha dejado, y seguirá haciéndolo, por las calles de la ciudad que la ha visto crecer y llegar a ser una de las mejores formaciones de Andalucía, con ese sonido cristalino y equilibrado envidiable, que no hace mucho inundó la sevillana basílica de la Macarena de dulces armonías.

Las principales marchas procesionales de la hermandad

Un músico de la categoría de Enrique Báez debía tener entre sus musas al sobrecogedor misterio de la Virgen de las Angustias. Como detalladamente apunta Luis Miranda para este artículo, en 1945, cuando el violinista sólo tenía veintidós años, escribió para orquesta y coro la "Plegaria a Ntra. Sra. de las Angustias", con letra de Manuel Revuelto Nieto, a la sazón hermano mayor de la cofradía.

En 1952 tiene lugar uno de los hitos en el acervo artístico de la hermandad. Enrique Báez firma la marcha "Virgen de las Angustias", que se estrena en el pregón de aquel año a cargo de la Banda Municipal de Córdoba. La partitura destaca por su elevada calidad, pudiéndose decir, sin ningún tipo de complejos, que es una de las mejores marchas de la historia del género. En ella Báez derrama su lírica y efusividad poniéndola al servicio de una melodía dramática, triste, tan melancólica que nos transporta al paisaje de un Jueves Santo con la Virgen recortándose entre las brumas de incienso. Una veraz y asombrosa música de escalofrío.

Su comienzo es sobrecogedor, en el que los metales entonan una escala ascendente en fuerte, y el desarrollo en re menor un alarde de armonía y contrapunto a la altura de los mejores compositores. La presencia de agrupaciones de notas de un valor corto, como tresillos de fusas, confieren a la marcha una especial dificultad en su interpretación, a la par que destilan un aire rítmico muy atractivo. El paroxismo de desazón y luto lo encontramos en los compases conmovedores que protagoniza la caja con el resto de instrumentos en silencio, a la que le sucede la irrupción de las maderas sobre el colchón armónico de los metales configurando un acorde tenebroso, cual perfecto descriptor de la sensación fantasmagórica que produce ver al misterio encuadrado en la nave central de San Pablo.

La última grabación de la que disponemos corresponde al disco publicado por la banda de música del Círculo Cultural Calíope de Fernán Núñez el año pasado, con el sello Pasarela. Amén de esta banda, que puede decirse que es la que conoce mejor la partitura por la multitud de veces que ha sido puesta en el atril, también el año pasado se interpretó a cargo de la Sociedad Filarmónica "Ntra. Sra. de la Oliva" de Salteras, en un concierto organizado por la cofradía del Calvario, dirigida por José Manuel Bernal, quien se deshizo en elogios cuando presentó la partitura de Báez.

El complemento perfecto a esta marcha nació el año pasado, cuando se estrenó, en un concierto de la banda fernannuñense, "Madre de las Angustias", del sevillano y director técnico de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, José Manuel Delgado. Por medicación de un cofrade de la hermandad, emparentado con el compositor, Delgado pudo dar rienda suelta a aquella música que, según él, sintió cómo le susurró la Virgen tres años antes al contemplarla en la iglesia [1]. Quedó tan prendado por la magnificencia de su hechura, que por su cabeza no paraban de revolotear unas notas musicales. Esa melodía incipiente se transformó sobre la partitura en una marcha de corte clásico y solemne, hilvanada por una melodía clara y suave. Un bello contrapunto a la efusividad y voluptuosidad de la marcha de Báez.

Para el género de las agrupaciones musicales, el cordobés Jesús Lora compuso "Angustia de María", estrenada por la Agrupación Musical Ntro. Padre Jesús de la Redención de Córdoba, y que fue grabada en el último disco de la banda, "Redentor Nuestro" (2002) La composición, bella en su melodía como todo lo que emana de la inspiración de Lora, se encuentra subrayada por un cariz épico y evocador de aquellas turbas romanas que a buen seguro estarían presentes en el calvario de Jesucristo y el trance doloroso de su Madre.

La otra marcha dedicada a la hermandad, titulada "Ntra. Sra. de las Angustias" es coetánea de "Virgen de las Angustias" y una auténtica desconocida, escrita para cornetas y tambores a cuatro voces y fechada en 1953, según reza en la partitura, por el músico jiennense Blas Martínez Serrano, director que fue de la Banda de Cornetas y Tambores de la Cruz Roja de Córdoba. Para esta banda compuso un ramillete curioso de marchas que siguen, sin ningún género de dudas, la estela marcada por Alberto Escámez en la banda de los Bomberos de Málaga, evidenciándose estas similitudes e inspiraciones en las melodías y ritmos tanto de esta marcha, como del resto que estrenó. [2]

Por suerte este año no tendremos que esperar doce meses para volver a gozar de la música procesional de la hermandad. Será el 20 de septiembre, casi despidiendo la estación veraniega, cuando la Virgen de las Angustias y, sobre su regazo, la anatomía y expresión espectaculares del Cristo Yacente, hagan acto de presencia por las calles de Córdoba y surquen su dédalo urbano para entrar en la Mezquita Catedral, con motivo del 450 aniversario fundacional de la hermandad. Una jornada para reconfortar el espíritu y volver a entonar entusiasmados la melodía única de Enrique Báez y el clasicismo y austeridad de José Manuel Delgado.

NOTAS

[1] MIRANDA GARCÍA, Luis. "Madre de las Angustias", una oración con la música. www.patrimoniomusical.com (2007)
[2] OLAYA MARÍN, Mateo. Las bandas de cornetas y tambores cordobesas: un estilo infravalorado. Córdoba Cofrade, nº115, diciembre de 2006.

Mateo Olaya Marín
Publicado en la revista "Córdoba Cofrade", junio 2008

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