Investigación

Lágrimas y Desamparo: la belleza de la sencillez

Alfonso Lozano Ruiz

4 de Diciembre de 2007


Utilizo este título que ya fue empleado hace tiempo por mi buen amigo Rafael León para describir una de las marchas más emblemáticas de nuestra querida ciudad de Córdoba. Se trata de una exquisita composición que fue compuesta por D. Francisco Melguizo Fernández en el año 1950.

El autor

Francisco Melguizo -del que se conmemoran diez años desde que nos dejara, en 1997- fue una de las personalidades musicales y cofrades más importantes de Córdoba. En su faceta cofradiera fue uno de los fundadores de la hermandad de la Misericordia y por ende hermano mayor de la misma durante varios años. Asimismo fue pregonero de la Semana Santa en dos ocasiones y nombrado cofrade ejemplar en 1986. Por otro lado, destacó como crítico musical. Es importante señalar que se formó en estudios básicos de armonía en el conservatorio.

Respecto a su obra en sí, podemos decir que es escueta. Para su hermandad de la Misericordia compuso, además de la marcha Lágrimas y Desamparo, una plegaria con el título de "Misericordia, Señor". Esta cofradía es muy consciente del rico patrimonio musical que posee (a lo ya citado habría que sumarle la marcha fúnebre "Misericordia, Señor", obra maestra que creó el que fuera director de la Banda Municipal de Córdoba, D. Dámaso Torres), por ello tanto la plegaria como la marcha de Melguizo se interpretan durante el tiempo Cuaresmal en diversas momentos. Esperemos que algún día podamos escuchar en la calle la gran marcha del maestro Torres.

Además de esto, legó a Córdoba tres marchas procesionales más: "Paloma de Capuchinos" en 1951, "Señor de la Caridad" en 1956 y finalmente "Virgen de los Dolores" en 1970 (marcha que en un principio fue concebida como una plegaria para la Coronación de dicha Imagen, pero que años más tarde el propio autor la transformó en marcha). En el año 1981, una vez asentado en Sevilla, dedicó "La Música del Silencio" a dicha hermandad de la Madrugá hispalense.

La marcha Lágrimas y Desamparo

Podríamos resumir los valores de esta marcha en elegancia y sencillez. La marcha, escrita en la tonalidad de si bemol menor, comienza con un motivo anacrúsico que introducen los bajos en forma de tres corcheas, constituyendo una nota pedal (fa) que sustenta a los instrumentos de viento madera, los cuales mantienen un colchón armónico a base de valores largos (blancas), con variaciones cada cuatro compases, presentando reguladores de intensidad que realzan la sobriedad y recogimiento de esta introducción. Al llegar al decimocuarto compás, la intensidad se acrecenta. La marcha se hace grande e irrumpe el metal con fuerza a base de llamadas de tresillos de corchea, que va perdiendo intensidad, volviendo a la seriedad inicial. A continuación empieza un crescendo progresivo, donde las voces empiezan a entremezclarse para desembocar en la siguiente sección, en fortissimo, en la que aparece un nuevo tema, en modo mayor: la marcha real. Esta voz es cantada por las trompetas y trombones, mientras que el viento madera rellena los huecos de sonido con figuraciones rápidas de semicorcheas; el carácter de la marcha ha cambiado radicalmente. Esta sección se repite y da paso al bellísimo trío, en mi bemol mayor. Se trata de una hermosa y delicada melodía, a base de tresillos de negra, que cuando se reexpone nos evoca la elegancia y frescura de la Imagen a la que va dedicada. Una vez concluido, la recapitulación del tema central fuerte cierra de manera concisa y brillante esta singular marcha cordobesa.

La marcha fue instrumentada por el recordado y querido D. Enrique Báez Centella, muy amigo de Melguizo.

Podríamos decir que esta marcha tiene su antecedente musical más directo en "Saeta Cordobesa", escrita un año antes por su también amigo D. Pedro Gámez Laserna. El símil lo hallamos en el desarrollo de la primera parte: el comienzo de los bajos, con la máxima sobriedad, y el progresivo crescendo hasta desembocar en el fuerte central, pasando a modo mayor. Lógicamente, hay muchas diferencias entre ambas, desde la complejidad de una a la sencillez de la otra, pero las dos describen a la perfección el sentir de aquella época: el resurgir de nuestra Semana Santa.


Alfonso Lozano Ruiz
Publicado en la revista digital Pasión por Córdoba Cofrade (núm. 1)

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