Investigación

Siete Dolores de Nicolás Barbero: una marcha única

Mateo Olaya Marín

4 de Diciembre de 2007


No es cosa baladí ponerle música a la Virgen de los Dolores, la Señora de Córdoba, que congrega a miles de personas en ese Viernes que lleva su nombre y que es el pórtico de la Semana Santa cordobesa. Ponerle música a la "Dolorosa del pálido quebranto" (1) es algo así como escribir sobre el pentagrama un cortejo de negros nazarenos con corazón servita, o seguir construyendo la acústica de la plaza de Capuchinos, la plaza de los sentimientos cofradieros, entre cuyas encaladas paredes habitan historias de olor a incienso y marchas de recogida. Porque la acústica de esta plaza única, tiene entre sus protagonistas a nombres como los de Pedro Gámez, Enrique Báez, Francisco Melguizo y, desde la pasada Semana Santa, Nicolás Barbero (2).

Como decíamos, componer para una talla de elevada categoría artística y popular, como es el caso de la Virgen de los Dolores, es un reto harto complicado y más, sobre todo, cuando éste debe ejercitarse sobre la plantilla de una agrupación musical que, como bien sabemos, máxime en los tiempos que corren, se presta en no pocas ocasiones al lucimiento "cornetero" y a una serie de alardes estrambóticos que pueden llegar a restar la elegancia que debe lucir una composición dedicada a una cofradía de tales características. Pero Nicolás Barbero Rivas ha vuelto a demostrar, con la composición de la marcha "Siete Dolores", que su categoría musical no entiende de límites y obstáculos, sino que salva con creces cualquier encargo que recibe a través de su agradecida inspiración y la formidable técnica y talento que atesora.

"Siete Dolores" se estrenó la pasada Cuaresma a cargo de la Agrupación Musical Ntro. Padre Jesús de la Redención de Córdoba, más conocida como la "Banda de la Estrella". Quizás, el mismo día de su estreno, no tuviera esa aceptación inmediata por parte del público y que lleva a muchos compositores actuales a andar la senda de lo fácil para el oído, en la que pervive una escasa profundidad y sentido musical. Camino con el que nuestro compositor en cuestión no comulga. Pero lo cierto es que la marcha vale por sí sola, no por la mayor o menor popularidad que pueda alcanzar con el tiempo, sino por los contenidos estrictamente musicales que la caracterizan.

Responde a un tipo de marcha que el mismo Nicolás Barbero ya acuñó con el nacimiento de "Sangre en tus Clavos" y redefinió con "Lloras en tu Soledad" (3) : la marcha fúnebre para formaciones musicales de viento-metal, esto es, para una agrupación musical. Ese trazo lánguido de la melodía sobre un acompañamiento armónico sólido, a través de un desarrollo sin fisuras y continuo, combinando compases en piano y en fuerte, pero siempre con el dramatismo como cariz predominante, hacen del joven compositor de Dos Hermanas un auténtico revolucionario del género de la agrupación musical.

La marcha persigue en su pequeña forma una introversión de los sentimientos que suscita esta bella Dolorosa, sublimando con el discurso musical el patetismo evidente de su rostro, el halo de devoción que la rodea, la solera del marco urbano que la ve salir cada Viernes Santo y las oraciones que a buen seguro lanzan al aire sus hijos para que esas manos de madre las recojan. Si no, tras escucharla, ¿qué otro adjetivo cabe para esta marcha que no sea el de la oración transfigurada en música? Por todo ello, por todo lo que emite la partitura cuando es interpretada por la banda de la Estrella, más bien podríamos decir que Nicolás Barbero ha firmado una marcha-plegaria, que pasa por ser única.

Está escrita en la tonalidad madre de fa menor, aunque en algunas partes aparecen acordes extraños que instauran inflexiones muy propias de la música de Barbero. Comienza a través de una introducción de 18 compases, que destacan por una melodía al unísono con cierta reminiscencia monacal y un aire a monodia gregoriana, sin serlo sensu stricto, claro está. Parece como si fuera una exhortación a la intimidad y a la reflexión, para contemplar con la disposición adecuada la estampa de la hermosa imagen al caer la tarde del Viernes Santo. Tras un compás de enmudecimiento, que enfatiza todavía más la tristeza de la música, aparece en piano el tema principal de la marcha encabezado por un acorde modulante que provoca una tensión perfectamente resuelta cuando las trompetas recorren en corcheas una melodía continuamente ascendente y descendente. Este esquema se repite simétricamente, hasta que la voz de trombón entona un recitativo garboso que, envuelto en unas escalas de las cuerdas de trompetas, desemboca en una recapitulación del tema principal, pero en fortísimo, durante 14 compases.



A continuación, la marcha deriva en un nuevo desarrollo de ese tema principal que progresivamente va disminuyendo en su dinámica (de fortísimo a piano) ofreciendo poco a poco una sensación de sosiego y relajación, donde juegan un papel fundamental los reguladores. Así, hasta que en una lenta extinción de la composición aparece el acorde conclusivo de fa menor en piano, seguido de un  súbito crescendo que conduce a ese mismo acorde pero en fortísimo para concluir la marcha. Tras emitir su último sonido, la sensación que nos queda es la de una original página musical con esencia sacra, elegante, comedida en sus recursos, envolvente, de una gran carga espiritual y una unidad estructural consolidada y muy bien urdida. En definitiva: única y de un compositor único.

De esta forma, la Banda de la Estrella ofrece un tesoro más al acervo musical de las cofradías cordobesas. Y viene bien recordarlo ahora que la homónima hermandad celebra su XXV aniversario fundacional y mira al pasado para hacer balance de lo que ha aportado a la Semana Santa de Córdoba, en cuanto a música procesional se refiere. El estreno de esta bella marcha procesional, y otros tantos hitos más, hablan por sí solos. En ellos ha tenido una función notable la figura de su director, Manuel Luque Bellido, que, con su filosofía de ir paso a paso, sin prisa pero sin pausa, y eligiendo adecuadamente las coordenadas musicales sobre las que gravita el destino de la formación, ha conseguido elaborar un repertorio donde descollan importantes compositores y composiciones, tanto por su originalidad, como por su calidad.

Desde la publicación del primer disco, "¡Estrella!" -en el que aparecían marchas de la envergadura de "¡Estrella!" de Fco. Javier González Ríos- hasta que vio la luz el segundo y último trabajo, "Redentor Nuestro" -donde brillaban "Señor de San Basilio", "Virgen de los Reyes" o "Angustia de María"- sin dejar a un lado los estrenos que se han producido desde entonces, entre los que se encuentra "Siete Dolores", la banda ha demostrado sin descanso la calidad como colectivo musical y su capacidad para legar a Córdoba y sus cofradías una serie de composiciones de extraordinario resultado.


NOTAS AL PIE

(1) MIRANDA, Luis. La lenta cera ardida -pag. 24, "Virgen de los Dolores" de Mario López-. Publicaciones obra social y cultural Cajasur, 2002.
(2) Joven pianista y compositor, director de la orquesta y la coral "Regina Coeli" de Dos Hermanas. Se trata de uno de los compositores más prestigiosos del género de la agrupación musical.
(3) Ambas son marchas estrenadas por la Agrupación Musical Ntro. Padre Jesús de la Pasión de Linares (Jaén) y están registradas en los discos "Lágrimas de Pasión" (Pasarela, 1999) y "Sones de la Pasión" (2006) respectivamente.

Mateo Olaya Marín
Publicado en la revista "Córdoba Cofrade" (num. 119 -Octubre 2007-)

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