Investigación

La marcha procesional "¡Estrella!" y su autor

Mateo Olaya Marín

12 de Febrero de 2007


LA MARCHA

Apenas se había sobrepasado el ecuador de la década de los noventa del pasado siglo, cuando el prestigioso corneta de la Banda de Cornetas y Tambores "Ntra. Sra. de la Victoria" (Cigarreras) de Sevilla, Francisco Javier González Ríos, firmaba la marcha procesional "¡Estrella!", exponente álgido de un incipiente nuevo estilo en el género de la agrupación musical en Córdoba, con el que ya se retomaba nuevos cánones y modernismos tras la superación de los primitivos orígenes. Concretamente fue en 1996 cuando nació esta obra, siendo estrenada en noviembre de ese mismo año por la banda para la que fue compuesta, la A.M. "Ntro. Padre Jesús de la Redención" de Córdoba, en la presentación del cartel conmemorativo del X aniversario de la bendición de la Sagrada Imagen de Ntra. Sra. de la Estrella.

De inconfundible carácter y originalidad, esta marcha procesional aparece claramente revestida del vanguardismo e innovación propios de su autor, al que podemos situar en la línea más avanzada de la evolución de la estética tanto para las cornetas y tambores, como las agrupaciones musicales. La arrolladora personalidad de esta obra musical, que emana directamente de ese sello inconfundible de Francisco Javier González Ríos, se enlaza estrechamente con la belleza y buena construcción que reluce la partitura, haciendo de ella algo particular, inhabitual y poco común, propio de las páginas musicales que crean escuela y cátedra en un género.

Se encuentra realizada en la tonalidad de fa menor y tan pronto como empieza la marcha se nos propone un pasaje destacadísimo, que pasa por ser el fundamento de la obra, ya que, como veremos más adelante, no solamente abre el desarrollo de la marcha procesional, sino que también lo cierra conclusivamente. Así, el comienzo es una entrada progresiva de los diferentes instrumentos, a modo de canon y configurando una especie de entrada fugada, que nos recuerda gratamente a ciertas partes de la música procesional del gran Maestro Pedro Gámez Laserna. Es el bombardino, mediante anacrusa y una melodía sincopada , el primero que acomete el discurso musical de la pieza, añadiéndose, en un intervalo de apenas dos compases, los demás instrumentos en el siguiente orden: trombones, voces secundarias de trompetas y finalmente las trompetas primeras y cornetas. Es, sin duda, una portada característica la de esta marcha.

Una vez que todo el instrumental de la banda se encuentra activado, la introducción desemboca, sobre el compás diez, en un tutti fortísimo con el acorde de tónica, fa menor. A partir de ahí descubriremos que la estructura de la pieza responde a un modelo lineal, lo que quiere decir que, lejos de sobrevenir partes bien diferenciadas, la sucesión temática de la marcha es claramente continuista de la introducción anteriormente descrita, dándose unas variaciones con obvias diferencias melódicas pero siempre teniendo muy presente el denominador común de la introducción. De esa forma la melodía avanza encomendada a las cornetas para, a través del acorde de tónica, ceder el protagonismo a las trompetas (compás veintidós) donde sigue subrayándose el ritmo sincopado. Con ánimo de conceder el contraste necesario, este pequeño fragmento recorre unos compases en piano tras los cuales, decididamente y sin perder nunca el aire garboso y valiente de la pieza, retoman la melodía las cornetas de forma brillante en fortísimo (compás treinta y dos)

La partitura no decae en fuerza y expresividad, y en el compás treinta y siete, bajo nota tenida de las cornetas, las trompetas primeras, y luego de forma progresiva los demás instrumentos hasta los más graves, dibujan una progresión descendente que conduce otra vez a un tutti fortísimo (compás cuarenta) Nuevamente se produce la alternancia melódica principal entre cornetas y trompetas que nos orienta definitivamente al episodio final de la marcha, a la sazón igual que la introducción. Tal y como dijimos, esa llamativa entrada escalonada de los diversos instrumentos, a modo de canon, constituye el inicio y el cierre de la composición.

Así es "¡Estrella!": una destacada marcha procesional de agrupación musical, caracterizada por su comienzo fugado, tanto al principio como al final, la constante melodía sincopada y un cariz épico y portentoso. No son gratuitos los elogios a esta composición, pues pueden corroborarse perfectamente si la escuchamos en cualquier procesión o concierto que nos ofrezca la Banda de la Estrella, y como registro perpetuo ahí tenemos la grabación en el primer trabajo discográfico de la banda, que precisamente adopta el nombre de "Estrella".

SU AUTOR: FCO. JAVIER GONZÁLEZ RÍOS


Nació en Sevilla el 24 de enero de 1967. Con doce años ingresó en la recientemente organizada Banda de Cornetas y Tambores "Ntra. Sra. de la Victoria", Las Cigarreras, de Sevilla. Esta formación musical ha sido testigo del avance vertiginoso de este músico, que en cuestión de tiempo pasó de ser un corneta más de la banda a destacarse como solista y además director musical de la misma. Actualmente es uno de los nombres propios de esta prestigiosa banda de cornetas, y en ella tuvo la oportunidad de andar de la mano de algunos maestros, como Manolo Pardo , al que le siguieron Bienvenido Puelles o Dionisio Buñuel, todos ellos referentes en el estilo de las cornetas.

Estudiante de guitarra, cuando estrenó su primera marcha para cornetas, allá por 1991, tuvo que acudir a los conocimientos musicales de Dionisio Buñuel para que éste escribiese la inspiración de su compañero en el pentagrama. Estamos hablando de la marcha procesional "Amor de Madre", dedicada a la Sevilla mariana, convirtiéndose hoy día en todo un himno para la Banda de las Cigarreras. Pronto sería un norte musical para los que otrora fueron sus maestros, y así empezó a sembrar el repertorio de Cigarreras de grandísimas marchas donde no escaseaba la originalidad y rareza, sorprendiendo a aficionados y músicos y rompiendo, con menor o mayor fuerza, los cánones adoptados hasta el momento. Estos son los casos de "Pasión, Muerte y Resurrección", "Eucaristía", "Refúgiame", "A los pies de tu Santa Cruz", hasta sus últimas obras de cornetas, "Dios Padre, Dios del Amor" o "Tus Lágrimas".

Pero por suerte la música para agrupación ha sido también terreno abonado de nuestro admirado compositor, manteniendo, como no podía ser menos, su impronta y descollando siempre por el talento y distanciamiento de lo excesivamente estereotipado. El origen de este periplo se puede localizar en una sociedad que organizó junto con su amigo Rafael Soto, y de cuyo trabajo conjunto salió un listado de marchas de sobresaliente armonía, aunque poco apreciadas por la mayoría del público. Y es que, al contrario de otros compañeros del gremio compositivo, no podemos decir que Fco. Javier González Ríos escriba música de cara a la galería, sino que nos da esa grata impresión de hacerlo para buscar nuevos horizontes, formas, recursos, expresiones, sin perder de vista el hecho religioso para el que sus marchas procesionales están destinadas.

De la nombrada sociedad nacieron títulos tan desconocidos como "Dulzura y Piedad", "Humildad y Paciencia", "Buena Muerte de San Julián", "Rescate" o "Calvario", todas ellas grabadas en el disco "Llena eres de Gracia" de la A.M. "Dulce Nombre de Jesús" de Marchena; amén de otras como la cordobesa "Al Cristo de los Faroles", que contiene retazos insertados en "¡Estrella!", "Virgen de los Reyes" y un largo etcétera.

No se hace necesario que pasen décadas para catalogar a este compositor como verdadero Maestro del campo de la música procesional para bandas de cornetas y agrupaciones. Bajo su magisterio, y el de otros compañeros de banda, todos grandes instrumentistas, Las Cigarreras seguirá pregonando la música de cornetas en su máxima expresión.

Mateo Olaya Marín
Publicado en el número 35, diciembre 2005, del boletín de la Cofradía de la Estrella (Córdoba)

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