Investigación

La marcha procesional "Virgen del Socorro" de Enrique Báez

Mateo Olaya Marín

1 de Diciembre de 2006


La década de los setenta supuso para la marcha procesional cordobesa una continuación solvente y estable de la generación anterior, definida ésta por una serie de composiciones y compositores que superaron el escollo marcado por la contienda civil a través de unos años de gran proliferación de partituras. Nombres como los de Luis Bedmar, Antonio Pantión, Casto Contreras, Pedro Gámez, Joaquín Reyes Cabrera o Enrique Báez fueron los principales exponentes de esta época de los setenta. Y en concreto, Báez tuvo un papel especialmente crucial por la composición de dos marchas: "Por una madre" (1975) y "Virgen del Socorro" (1978).

Precisamente "Virgen del Socorro" es fiel ilustración musical de los días septembrinos cordobeses, cuando nos traen el anuncio de una de las procesiones más esperadas en la ciudad, la de la Virgen del Socorro Coronada, a la que está dedicada esta marcha. El arraigado sentimiento hacia la Santísima Virgen del Socorro que existe en Córdoba movería a Báez a componerle esta marcha procesional de gloria, pero a buen seguro que fue la gran devoción que le profesaba a la Virgen su madre lo que le lanzó definitivamente para entregarse a la inspiración.

Y lo hizo de una de las mejores formas posibles, porque esta marcha desborda efusividad lírica, delicadeza, elegancia y triunfalismo, erigiéndose como una obra de impecable concepción e inspiración y a la que muy pocos autores de marchas, solamente aquellos elegidos para ello, pueden llegar. En el catálogo andaluz de marchas de gloria, la que nos ocupa bien puede cubrir un lugar privilegiado por su elevada prestancia y calidad artística. Pero a pesar de todas las virtudes que pueda atesorar, estamos ante una marcha procesional en general desconocida para el público, porque desgraciadamente no copa todo lo que nos gustaría los repertorios de conciertos y procesiones.


Portada del guión original

La marcha presenta un esquema canónico y clásico: introducción, primer tema, tema central -bajofforte-, reexposición del primer tema y trío final.

La introducción, en sol menor, toma un sentido emotivo y de invocación a la Madre de Dios, significado por una melodía cantábile y coral que hasta presenta una pequeña oración sencilla escrita sobre el pentagrama -como puede verse en el guión original-. El tema principal aparece apuntado por unos sobre cantos de maderas de apacible dulzura, a las que les seguirá un desarrollo melódico bellísimo, original y fresco. Los trinos coronan el crescendo que sirve de regulador para volver a exponer la frase.

El tema central es un episodio donde los metales graves en fuerte toman el protagonismo de la melodía, pero no es un fuerte de bajos al uso. Entre otras cosas porque las maderas no hacen el típico acompañamiento rítmico con corcheas, sino que despuntan a través de nuevamente unos trinos en fuerte de gran efecto. A continuación se reexpone parcialmente el tema principal.

Éste nos conducirá mediante una modulación a la tonalidad de si bemol mayor, que dominará el sello y el carácter del trío final. Sorprende también esta última parte. Báez no se empeña tanto en reflejar esa suavidad melódica y ese fuerte contraste con respecto al resto de la marcha, como así suelen hacer la mayor parte de los compositores en los tríos; sino que le da poca concesión a este convencionalismo. Comienza en piano, en valores largos, pero pronto emprenden los grupos instrumentales diversas voces, progresiones ascendentes y descendentes de semicorcheas y una intensidad que desemboca en una explosión en tutti fuerte, vestida de triunfalismo y que nos recuerda, por la forma de acometerse, al también pasaje final de la marcha "Por una Madre". Nótese que ésta está dedicada a la memoria de su madre, a su vez devota de la Virgen del Socorro.


Final de la marcha, con la fecha y firma de la partitura

Existen dos grabaciones publicadas de "Virgen del Socorro", aunque actualmente descatalogadas. La más antigua es una cinta de marchas cordobesas que grabó la extinta Banda Municipal de Córdoba dirigida por Luis Bedmar en 1981, cuando ya incluía instrumentos de cuerda y la transición a orquesta iba siendo cada vez más patente, por lo que quizás sería más correcto nombrarla como banda-orquesta. Dicha versión expresa la calidez y el rubato acentuado propios de las interpretaciones dirigidas por Bedmar. Además, tiene como interés añadido que el violín concertino era el mismo Enrique Báez y que el sonido no es el cocinado en un estudio de grabación, pues está tomado directamente de una audición en el salón de mosaicos del Alcázar de los Reyes Cristianos.

La segunda es un disco grabado en estudio por la Sociedad Filarmónica "Ntra. Sra. de la Oliva" de Salteras (Sevilla) -que llegó a tocar tras la Virgen del Socorro-, bajo la dirección de Enrique Bonet Carbonell y titulado "De Triana a Sevilla" (1991). Se caracteriza por un tempo algo más rápido que en el caso anterior y por un resalte ajustado y preciso de las maderas en los pasajes más idóneos para ello. Esta gran banda sevillana apuntaba ya en aquel año una sólida instrumentación y preparación técnica, refrendadas con este interesante cedé, indispensable para coleccionistas, y en el que la marcha de Báez descolla junto con las de los Font, Farfán o Gámez por su notable valor.


Enrique Báez

Una versión no comercializada, y por ende apenas conocida, fue la que llevó a cabo la Orquesta de Córdoba con la adaptación y arreglos del mismo Enrique Báez. La visión orquestal de "Virgen del Socorro" pudo disfrutarse en el concierto especial de Cuaresma que la orquesta cordobesa ofreció en el Gran Teatro de Córdoba en marzo de 1998, continuando y precediendo a una serie de conciertos que resultaron ser una integral valiosísima de marchas cordobesas tocadas a orquesta. La interpretación, dirigida por Leo Brower, es algo más lenta de lo normal, notándose también pequeños ritardandos que suponen incongruencias con la propia definición conceptual de marcha; aunque la riqueza instrumental de la formación sinfónica salva los desperfectos que pudieran existir. Además, se advierte una modificación estructural en la composición, a diferencia de las otras dos versiones publicadas y de, por supuesto, el guión original firmado por el autor el 15 de agosto de 1978. Se trata del da capo que se ejecuta al finalizar el trío final, repitiéndose enteramente la introducción y concluyendo la obra con unos compases en coda final. Un añadido que tiene, claro está, la venia del autor de la marcha, el admirado y recordado Enrique Báez.

Por último, y no por ello menos importante, el ejemplo de "Virgen del Socorro" puede valer para refutar muchas de las teorías lanzadas en los últimos tiempos y que acusan a la marcha cordobesa de no adecuarse al andar de un paso o al ritmo de los costaleros. Estamos ante una marcha que no adolece de ritmo, ni métrica ajustable al costalero, todo lo contrario, amén de incluir frases de brillantez sonora. Muchos tópicos se han vertido perjudicando enormemente a la marcha cordobesa, que en ningún momento debe sentirse acomplejada ante otras escuelas, dicho sea de paso admirables, como la sevillana. Quizás el problema estriba en la confusión o el desconocimiento que muchos tienen de los conceptos elementales que debe incluir una marcha procesional, y que en caso de reunirlos ésta siempre será digna de sonar en una procesión.

Mateo Olaya Marín
Publicado en la revista "Córdoba Cofrade", num. 114 (octubre 2006), de la Agrupación de Cofradías de Córdoba

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