Investigación

La música que nos acompañó en 1946

José Manuel Castroviejo López e Ignacio Rodríguez Planas

21 de Febrero de 2006




Muy curioso el documento que ha llegado a nuestras manos. Se trata de una pequeña lista en la que se incluyen las marchas que la Banda del Regimiento de Soria nº 9 interpretaría el Jueves Santo de 1946 tras la Virgen de la Victoria.
Llama notablemente la atención el reducidísimo número de marchas, que no llegan a la decena, pero hemos de decir que en esas fechas las bandas no solían llevar más de 15-20 marchas de repertorio. Es un dato confirmado por varios documentos periodísticos como el que mostramos y por músicos antiguos.
Tengamos en cuenta que el ritmo que llevaba una cofradía entonces era más rápido que el actual, y que no se interpretaban tantas marchas como hoy día.

Las marchas que aparecen son las siguientes.

Cristo de la Buena Muerte.
Compuesta por el violinista sevillano José Martínez Peralto en 1943 y dedicada al titular de su hermandad de la Hiniesta. De un carácter muy elegante y solemne, fue muy popular hasta los años 70, en que cayó en desuso. Lamentablemente actualmente no se toca más que en algún esporádico concierto.

Cristo de la Sangre.

Celebérrima obra de Emilio Cebrián dedicada al mismo Cristo de Torrijos (Toledo). Es una marcha interpretada en toda España y era todo un clásico en Sevilla. Sin embargo, como tantas otras, fue cayendo en el olvido, aunque hoy día se vuelve a escuchar tímidamente.

Corpus Christi.
Aquí surge la controversia, pues vemos como autor de la misma a Robert Cott.
Sabido es de todos que la tradicional Corpus Christi a la que estamos acostumbrados siempre ha aparecido como anónima. Es cierto que hay otras marchas del mismo nombre de Camilo Pérez Montllor o Vicente Beovide, pero no hemos podido averiguar absolutamente nada sobre el referido Robert Cott.
Si se trata de la marcha que todos conocemos, Cott podría ser el copista de la partitura, pero si se trata de otra marcha distinta, poco podemos aportar actualmente.

¡Descansa en paz!
Ramón Roig (Cartagena -Murcia- 1847-1907) es conocido fundamentalmente por el pasodoble La gracia de Dios. ¡Descansa en paz!, cuya fecha de composición no hemos podido concretar, es una breve marcha fúnebre de un estilo clara -y obviamente- decimonónico, comparable a otras composiciones más o menos coetáneas como La pobre Carmen de Juarranz o Un recuerdo de Eduardo Lucena. Antiguamente se interpretaba muy asiduamente porque resultaba fácil de tocar para los músicos.

Juana de Arco.
En el S.XIX y, en menor medida, en el XX, había numerosas adaptaciones de obras ajenas a la Semana Santa que se interpretaban en nuestras procesiones. El ejemplo más conocido es Jone de Enrico Petrella. Juana de Arco es obra de Charles Français Gounod, músico francés de la segunda mitad del S.XIX. Data de 1873, aunque no sabemos a ciencia cierta quién la adaptó a banda de música. Es una composición habitual en el repertorio de la Hermandad de los Servitas.

Marcha fúnebre.
Nos encontramos ante un caso similar al anterior, pero de mayor repercusión y fama. Esta conocida pieza de Fréderich François Chopin en 1837 -posiblemente instrumentada para banda por Emilio Cebrián- es todo un clásico a nivel nacional. Aunque en Sevilla se escucha muy poco, hay hermandades que nunca prescinden de ella en momentos puntuales.

Santa María de Ripoll.
Solemnísima marcha de Juan Lamote de Grignon, músico barcelonés nacido a finales del S. XIX. Fuera de Sevilla es una marcha bastante conocida, pero a la vista está que se interpretaba tras nuestras cofradías.

La Sagrada Lanzada.
Sin duda esta espléndida marcha fúnebre de Manuel Font Fernández de la Herranz compuesta en 1928 y dedicada a la Hermandad de la Lanzada fue siempre de una capital importancia. Tenemos muchísimos datos que nos refieren la asidua interpretación y presencia en los repertorios de las bandas de música. Hoy día es una marcha difícil de escuchar (incluso en la hermandad a la que está dedicada), aunque por fortuna nunca ha dejado de interpretarse.

Amarguras.
Poco se puede decir que no se sepa ya del himno oficioso de nuestra Semana Santa. Es de las pocas que ha resistido el paso del tiempo sin altibajos. Por algo será?

Una vez revisado el repertorio completo podemos hacernos una idea de cómo era el carácter que rodeaba al paso de palio el Jueves Santo. Es una música mayoritariamente seria y sobre todo muy solemne, con algunas pinceladas fúnebres, lo que la acerca parcialmente a la que se interpreta hoy día el Jueves Santo.

Nos surge la duda de si estas marchas constituían el repertorio de Soria 9 para toda la Semana Santa o sólo para la Hermandad de las Cigarreras. Tras hacer diversas consultas tendemos a pensar que era específico para las Cigarreras, ya que con seguridad en esas fechas también Soria 9 tocaba marchas como Mektub y El héroe muerto de Mariano San Miguel, Dies irae de José Franco Ribate, Cristo ha muerto de Víctor Alvarado, Pasan los campanilleros y La Estrella Sublime de Manuel López Farfán, Jesús de las Penas, de Antonio Pantión, etc.
Por lo tanto, es muy probable que cada hermandad escogiera una serie de marchas de entre todas las que presentaba la banda, tal como en la actualidad. El documento aparece firmado por Faustino del Río, que fue director interino de Soria 9 entre 1944 y 1946 y antecesor de Juan Vicente Más Quiles.

A la vista está que no siempre se han interpretado las mismas composiciones en Semana Santa. Unas siempre han estado presentes y lo siguen estando. Otras, lamentablemente, cayeron en el olvido, aunque por fortuna sus partituras son fáciles de encontrar. Poder escucharlas tras nuestros pasos nos retrotraería a épocas pretéritas que, en muchas ocasiones, fueron mejores.

José Manuel Castroviejo López,
con la colaboración de Ignacio Rodríguez Planas.

Publicado en el Boletín ?Columna y Azotes? (Hdad. de las Cigarreras)
Sevilla, Febrero 2006

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