Entrevistas

Juan Vicente Mas Quiles (Enero 2012)

Músico y director militar

16 de Febrero de 2012




D. Juan Vicente Mas Quiles fue director de la Música del Regimiento Soria nº 9 entre 1947 y 1956 y ha tenido la deferencia de concedernos una entrevista sobre su etapa sevillana.

Patrimonio Musical. D. Juan Vicente ¿cómo fue su encuentro con la Semana Santa sevillana?
Juan Vicente Mas Quiles. Me impactó el ambiente tan diferente al que había vivido en mi mismo pueblo o en los poblados marítimos de Valencia, en donde se guardaba un silencio absoluto al paso de la procesión y en donde se oían los sones de las bandas desde lejos como en un concierto y no había que cortar porque alguien cantara una saeta.
Tuve siempre el sentido de la responsabilidad de formar parte de un hecho en el que se juntan muchas ilusiones, muchas horas de sacrificio y trabajo, y en el que tanto el grupo de Banda de cornetas y tambores como la Música teníamos un papel importante que representar.

P. M. Actualmente los repertorios de las bandas de música para la Semana Santa tienen una base fija de composiciones denominadas "clásicas", entre otras muchas, dando lugar a repertorios muy amplios. Hace años no era así. Cuéntenos cómo se confeccionaban los repertorios a su llegada a Sevilla.
J. V. M. Q. Cuanto le digo se corresponde solamente a mis recuerdos y experiencias como director de la Música del Regimiento de Soria, puesto que apenas hubo cambio de impresiones entre los directores de las bandas actuantes.
Sabedor de que la Música actuaba en diferentes procesiones, como es lógico, empecé ensayando las que -según me informaron- se venían tocando.
No obstante, tenga en cuenta que fui director a los 25 años (había ingresado como educando en la Banda de Primitiva de Liria -Valencia- a los 9 y fui músico militar profesional a los 19) con lo que tenía amplia experiencia sobre repertorio bandístico, así que no dudé en incorporar la Marcha fúnebre de Chopin. Recuerdo perfectamente que, al interpretarla en la calle Sierpes, Chopin no me encajaba con el discurrir de una procesión en Sevilla, por lo que no volví a tocarla más.

P. M. Coméntenos cuáles eran las marchas que seleccionaba. ¿Dependía únicamente de su criterio como director? ¿Las hermandades le solicitaban sus preferencias o delegaban en usted?
J. V. M. Q. Nunca tuve indicación alguna de las Hermandades. El repertorio era general para todas y variaba poco de un año a otro. Dependía, claro está, de si había alguna novedad, como Virgen de la Aguas, que compuso uno de mis músicos, Santiago Ramos, o algunas de las mías, como Esperanza Macarena, Entrada en Jerusalén, Virgen de la Piedad o Nuestra Señora de las Nieves.
Algunas marchas eran fijas, como ¡Descansa en paz! de Roig, María del Carmen, de Julián Palanca o La Sagrada Lanzada, de Font padre.
Sobre esta última, que es sin duda una buena marcha, me gustaría comentar algo.
Cuando acompañábamos el Viernes Santo a la Hermandad de la Virgen de Montserrat, yo conocía el hecho de que en un punto determinado del recorrido estaba la familia Font de Anta. Siempre que la Hermandad pasaba por dicho lugar interpretábamos esta marcha, para gran satisfacción de la familia.
En los tres o cuatro años últimos, y con el fin de presentar alguna novedad, además de lo dicho anteriormente, incorporé tres o cuatro marchas de Álvarez Beigbeder, magnífico compositor y director de la Banda de Jerez, cuyos títulos no pongo en pie, a excepción de Amargura, que era la que más me gustaba. Recuerdo perfectamente cuando desfilando en una procesión, se me acercó un señor que me agradeció interpretara esas marchas, pues era hermano del autor.
Otras marchas que llegaron a tocarse por entonces son Juana de Arco, de Gounod, Amarguras, de Font de Anta, Santa María de Ripoll, de Lamotte, El héroe muerto, de San Miguel o Corpus Christi (1).
Le he escrito anteriormente que las Hermandades no me hicieron nunca petición alguna sobre el repertorio o la actuación de la Música, pero sí le comentaré que en una ocasión un señor se me acercó para rogarme sonara la música al aproximarnos a un bar porque a través del teléfono quería hacerle llegar a su padre enfermo el ambiente del paso de la procesión, lo que se llevó cabo.
Hubo en 1948 un recital de poemas relacionados con la Semana Santa en el teatro San Fernando a cargo del propio autor, el Padre Cué y los organizadores pensaron en que la Música del Soria 9 amenizara el acto interpretando marchas fúnebres. A última hora, y no recuerdo si tuve tiempo de darle un repaso, me facilitaron los materiales de la marcha Macarena, del maestro Guerrero, que se interpretó aquella noche, pero no recuerdo qué pasó con ella y dónde fue a parar.

P. M.  ¿Había lugares prefijados para la interpretación de según qué piezas o era una decisión que se llevaba a cabo en cada momento?¿Era la salida de la cofradía un momento especial?
J. V. M. Q. No recuerdo que no hubiese una marcha indicativa para iniciar la procesión de la cofradía correspondiente, aunque sí se dio el caso a la salida de los lunes, en la cofradía del Museo con Virgen de las Aguas, puesto que, además de ser un estreno reciente, era también una gran satisfacción para mí el hecho de que su autor fuese un componente de la Banda y un buen colaborador mío.
Por poner otro ejemplo, mi marcha Esperanza Macarena pienso que solía interpretarla en los puntos más espaciosos del recorrido, como la calle Feria o la Carrera Oficial.
De todos modos no había ninguna programación determinada.

P. M. Su llegada a Sevilla coincide con el veto a marchas de Manuel López Farfán como "La Estrella Sublime" y "Pasan los campanilleros". Cuéntenos qué conocía de su antecesor y las circunstancias que rodearon dicho veto.
J. V. M. Q. No había oído hablar en Valencia del maestro Farfán, al igual que los directores andaluces no conocen -y ahora incluso los valencianos- al maestro Félix Soler, quien escribía tantas marchas de procesión que en vez de darles un título las enumeraba. Yo no he visto nunca una de sus marchas editada y eso que fui archivero de la Banda Primitiva de Liria un par de años.
Sobre la prohibición de la marcha La Estrella Sublime de Farfán, recuerdo perfectamente que me visitó un cofrade (el primero de las siete Cofradías en las que desfilábamos) para formalizar el contrato, el cual me informó de que el Arzobispado había prohibido la interpretación de dicha marcha, debido, por lo que me dio a entender, a que su ritmo provocaba que los costaleros mecieran o bailaran el Paso.
A este respecto, encontré una marcha muy adecuada, recién editada, de Julián Palanca, que cité antes: María del Carmen, que hizo su papel de dar brillantez al hecho de entrar el Paso, por ejemplo, en la Campana.
No obstante, en procesiones que podemos decir festivas o patronales, yo toqué La Estrella Sublime sin ningún reparo.
No recuerdo si interpretamos otras marchas del Maestro Farfán, excepto Pasan los campanilleros, aunque no mucho.

P. M. Debemos suponer que el repertorio en procesiones fuera de la Semana Santa era distinto.
J. V. M. Q.  Las marchas fúnebres sólo se tocaban en Semana Santa.
Recuerdo que en el mes de mayo iba a algunas procesiones de comulgar de los impedidos y hubo una que alcanzó mucha popularidad, Triunfal, que era muy apropiada, pues su tema era el Himno eucarístico. Asimismo la tocaba durante la tradicional procesión del Corpus.
También recuerdo especialmente marchas como Rosa Mística de Franco Ribate o La Reina de los Ángeles de San Miguel.

P. M. ¿Cómo acogieron las hermandades sevillanas las composiciones que les dedicó?
J. V. M. Q. Las correspondientes Hermandades las acogieron con agrado, faltaba más, pero tampoco había una demostración especial. También le digo que no había el interés que existe hoy entre la gente que como ustedes se preocupan de escribir sobre estas cuestiones.

P. M. ¿Tuvo relación con algunos músicos de la época?
J. V. M. Q. Tuve relación con el maestro Tejera. Aparte de que se dedicaba a la reparación de instrumentos musicales y me hizo algunos trabajos, porque le preparé unos arreglos para tocar en veladas taurinas al estilo de la Banda el Empastre, de Valencia.
Le escribí también dos pasodobles para tocar en la Maestranza, titulados Vicente Gerardo (dedicado al hijo de un amigo) y ¡Olé mi morena!, dedicado a mi por entonces novia.
Con el Sr. Lerate tuve muy buenas relaciones, pero solamente le instrumenté la marcha María Santísima del Dulce Nombre, imagen a la que acompañábamos el Martes Santo.
Con el Maestro Naranjo le hago saber que por problemas relacionados con la grabación de unas obras que le iban a hacer en Madrid, tuve que instrumentárselas con toda rapidez, lo que dio lugar a seguir colaborando con él, incluso en un espectáculo teatral titulado El Hércules de la Alameda, por lo que en un momento dado me pidió revisara una marcha procesional suya, pero mi cambio de destino a Castellón hizo que se me pasara el tiempo sin realizar ese trabajo. Hace unos pocos años y buscando unas cosas me encontré con aquella marcha y la hice llegar a sus familiares (2).

P. M. Cuéntenos los avatares de la composición de sus marchas, varias de las cuales compuso en Sevilla.
J. V. M. Q. Debo aclararle que, profesionalmente hablando, mi pasión ha sido dirigir, no componer. Ya sabe que he sido director de Música Militar, si bien, en Valencia tuve ocasión, además, de dirigir varios años la Orquesta Sinfónica, así como representaciones de Zarzuela.
Esperanza Macarena la compuse en 1947, motu proprio, como respuesta a mi reacción al procesionar (si es correcto decirlo así) una Semana Santa y sentir la necesidad de escribir una marcha. Se la dediqué a la Macarena, porque pienso que para un no sevillano, era la más característica de todas entre las que desfilé en esa mi primera Semana de Pasión.
Recuerdo que vino al Cuartel a oírla el Hermano Mayor, el coronel Auditor de Sevilla, Sr. Bohórquez, acto del que, creo, se hizo eco un periodista de El correo de Andalucía.
Luego se oyó a través de radio Sevilla en el entreacto de un programa-concurso de saetas que presentaba un locutor muy popular en aquella época.
En la calle, se interpretó por primera vez la Semana Santa del 48.
Virgen de la Piedad la compuse también motu proprio, para un buen amigo que había tenido en el Regimiento, el Comandante Manuel Roche, y que pertenecía a esa Hermandad del Baratillo.
En esta marcha, adopté la singularidad e introducir el ritmo que los tambores tocan tradicionalmente durante las procesiones sevillanas.
También compuse en Sevilla Entrada en Jerusalén. Si bien y a pesar de acompañar el Domingo de Ramos a la Hermandad de la Borriquita, no está dedicada a dicha Hermandad, sino a un amigo del Cuartel, el Alférez de complemento Juan Bermúdez quien me había pintado al óleo un retrato y era oriundo de Ciudad Real y fundador de una Hermandad de allí así denominada.
En septiembre del año 1945, día 28, víspera de San Miguel Arcángel, me desplacé a Liria (yo vivía en Valencia, en donde estaba destinado) a pasar las fiestas patronales en honor de San Miguel junto con mi novia. Mientras ella realizaba unas labores en casa, canturreó los gozos que se cantan en los actos religiosos dedicados a dicho Arcángel. Le hice repetir varias veces dicha melodía, la cual copié en mis papeles de música y con la que me dediqué a componer una marcha de procesión que, con la colaboración de mis antiguos compañeros de la Banda y pasando la noche en vela, logré terminar para la procesión del día 29. Le puse por título el nombre de mi hermano Miguel. Estando ya en Sevilla la envié a Harmonia por si les interesaba publicarla. La aceptaron y así lo hicieron, pero me dijeron que habían cambiado el titulo porque el mío no les parecía comercial, y por eso se denomina Nuestra Señora de las Nieves.
Virgen del Olvido tiene una historia muy sencilla. Escribo la marcha procesional en 1966. Mis hijas van a un colegio de monjas y una de ellas no deja de contar en casa que si la Hermana Olvido me ha dicho esto, que si la Hermana Olvido me ha dicho lo otro... En fin, que todos los días salía a relucir en casa el nombre Olvido, así que se me ocurrió poner ese título. La Hermana nunca lo supo.
Últimamente y con ocasión de que se llevó a cabo la grabación de mi marcha Esperanza Macarena, el director de la Banda "El Carmen" de Salteras, José Manuel Toscano, entró en contacto conmigo para ampliar la plantilla instrumental.
Posteriormente, el Sr. Toscano vino a tomar parte con su Banda en un concurso en un pueblo cercano a Valencia y tuvo la atención de traerme una fotografía enmarcada y dedicada por el Hermano Mayor de la Macarena. Se habló de la posibilidad de escribir una nueva marcha para la Macarena, lo que llevé a cabo algunos meses después y, dado que mi esposa había fallecido no hacía mucho, se la dediqué a ella (el trío de la marcha es una melodía de una Sonatina para piano, obra también dedicada a ella) por lo que la titulé ¡Ampárala, Virgen Macarena! Posteriormente se estrenó en la Basílica de la Virgen, concierto al que asistí con gran satisfacción.

P. M. Don Juan Vicente, ha sido realmente un privilegio poder entablar esta interesantísima conversación con usted, ya que pertenece a una época pasada e irrepetible.
J. V. M. Q. Lo he hecho con mucho gusto. Vd. me ha retrotraído a una época muy querida.

Sevilla-Valencia, Enero de 2012

NOTAS

(1) Aunque hay referencias a otras marchas que Soria 9 interpretó por entonces, bien en procesiones o bien en conciertos (Dies irae, de Franco Ribate, Cristo ha muerto, de Alvarado, La Semana Mayor, de Farfán o Nuestra Señora de Montserrat, de Pantión), D. Juan Vicente Mas Quiles no las recuerda.

(2) El maestro se refiere a la marcha Soledad, dedicada a la Hermandad de San Buenaventura.

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