Grandes Marchas

Cristo de la Expiración (Germán Álvarez Beigbeder, 1921)

Marcelo Gálvez Jiménez

21 de Febrero de 2006


Estamos ante una de las composiciones procesionales de mayor categoría de cuantas podamos encontrar, un prodigio en estado puro de la arquitectura e ingeniería musical del siempre genial Germán Álvarez Beigbeder. Compuesta en plena madurez del autor, esta marcha está dedicada al Cristo de la Expiración de Jerez de la Frontera, una talla reconocidísima y valoradísima tanto dentro como fuera de Jerez, por lo que no cabía esperar menos de esta genial composición.

La marcha comienza en la tonalidad de re bemol mayor en fortísimo y con un tema introductorio de marcado carácter y grandilocuencia, tema, que por otra parte, será empleado de modo recurrente a lo largo de la composición. Para terminar con este tema introductorio y para modo de cierre, el autor recurre a la cola del tema, es decir, al último motivo de éste que a su vez nos sirve para apianar para llegar a un fragmento modulante, en matiz piano, caracterizado por el empleo de una pedal de dominante del relativo menor en el bajo, sobre la que se monta un fragmento fraseológico encomendado a las maderas e interrumpido por la entrada de los trombones que llevan a cabo la cola del tema introductorio. Este fragmento, tras una subida a matiz forte y vuelta a matiz piano, nos lleva al tema introductorio, llevado a la dominante del relativo menor y con un carácter mucho menos marcado que en el principio. Tres compases para afirmar la nueva tonalidad (si bemol menor) nos conducen al tema principal.

Establecida ya la nueva tonalidad (si bemol menor), comienza el tema principal, de corta duración, previa introducción de dos compases de una melodía encomendada al bajo, de gran parecido con el que el tema que le sucederá, y la línea rítmico-armónica, encomendada a los saxofones altos juntos con otros instrumentos, en forma de síncopas. Ambas líneas comienzan en matiz forte, junto con un golpe de maza en plato, que irá decreciendo para llegar al piano que tomarán las maderas para presentar el tema. Conviene destacar el empleo melódico que hace el autor del bajo, muy distante de otros autores que lo supeditan a otras voces. Este tema, de gran belleza, nos lleva a varios tonos antes de concluir en la tónica. Le sigue a este tema el tema introductorio reexpuesto, esta vez en la tónica actual y con su primitivo carácter marcado y matiz fortísimo.

Tras esta nueva reexposición del tema introductorio, llegamos un pequeño fragmento de reminiscencias modales en forte y a cargo de trompetas y saxos, secundados por otros instrumentos, y que tras un una nota en fortissimo a tutti se repite en matiz piano y esta vez a cargo de las maderas y a más voces. Este fragmento volverá a ser interrumpido por un nota a tutti y en piano que nos conducirá a un nuevo tema de gran belleza y carga emotiva, llevado sabiamente por una armónica muy variada y rica, al igual que la instrumentación. Así llegamos al clímax de este tema caracterizado por el empleo de retardos y síncopas que mantienen en vilo al oyente, una vez cerrado el tema, se repite justo donde empezó el tema de reminiscencias modales descrito al inicio de este párrafo.

Repetida y acabada la sección anterior, vuelve a aparecer el tema introductorio, esta vez en la dominante y en matiz piano cuya continuación nos lleva a un momento de profunda tensión en el que toda la banda se une en una notas acentuadas, secas y en matiz fortissimo que acaba con un trino a cargo de la flauta, mientras los demás instrumentos, disminuyendo la intensidad, mueven la armonía hacia un nuevo tono, el de fa menor.

Así llegamos al lugar que debería ocupar el trío, pero en esta marcha no se puede hablar de trío porque, aunque hay cambio de tonalidad, esto no supone un cambio en el carácter, ni supone tampoco un contraste con todo lo anterior sino que más bien, esta parte es derivación de lo anterior. Mientras los instrumentos de registro grave mantienen la armonía en notas de valor largo, saxofón alto, trompeta y fliscorno llevan a cabo una especie de saeta a dos voces (aunque algunas es difícil percibirlas como tales y queda todo como una sola), mientras que el clarinete, oboe y flauta interporlan pasajes basados en el material presentado justo después del inicio de la marcha, pasaje de carácter transicional que nos llevaba de re bemol mayor a si bemol menor.

Para finalizar, este mismo pasaje es llevado a todos los instrumentos disminuyendo su matiz hasta que, como de la nada, vuelve a aparecernos el tema introductorio, esta vez en la tonalidad actual, fa menor, y entregado a los timbres oscuros de la banda que mantendrán notas de valor largo mientras que el bajo ejecutará, como si estuviera muriendo la marcha, la cola del tema introductorio, que ya apareció en otros momentos de la marcha, para acabar con una acorde apenas perceptible en el registro grave de la banda.

De esta marcha, como todas las de don Germán Álvarez Beigbeder, se podría hablar largo y tendido, pero como características esenciales podríamos hablar de algunas de sus puntos fuertes, que a su vez también lo son de su autor:

-Una elaboración armónica y melódica de elevadísima talla que nos muestran a un Beigbeder maduro que conjuga sabiamente momentos muy melódicos y cantábiles con otros de carácter marcado y grandilocuente, casi castrense.

-Una instrumentación marca de la casa, con un empleo de los timbres muy particular. El autor no se limita a un bajo que sólo da cuatro notas como puntos tonales de referencia sino que el bajo canta como el que más, tampoco se limita a que el trombón se limite a hacer acompañamientos muy básicos, sino que ejecuta partes casi propias y refuerza tímbricamente melodías, así, con pequeños detalles, se nos muestra una instrumentación sólo al alcance de un gran compositor e instrumentador que conoce las posibilidades de cada instrumento.

-Una coherencia estructural y formal difícil de mejorar. Algunos dicen que esta marcha es un rondó y tienen algo de razón y algo de error. Es cierto que existe un tema (el introductorio) que aparece intercalado en varios momentos de la obra como bien podría serlo un rondó (recordemos que en el rondó se intercala un único estribillo entre varias coplas distintas), pero el tratamiento dista del que se le ha dado a esta estructura, ya que en el rondó es conditio sine qua non que el tema principal (estribillo) aparezca siempre en la tónica principal y no en otros tonos como hace aquí. Más bien el autor hace una interpretación bastante libre de esta fórmula y sitúa el tema introductorio, como "separador" de cada sección, lo que demuestra, una vez más, la enorme categoría de este autor.

-Un desarrollo musical basado en la elaboración y no en la mera repetición. Generalmente, en una buena música bien trabada y organizada es raro que se repita la misma música sin elaboración alguna, cosa que Beigbeder no suele hacer salvo en casos puntuales como forma de alargar una sección aportando, así, mayor equilibrio general a la obra entera. Del mismo modo, es interesante resaltar el uso y desarrollo que hace el autor de los distintos motivos.

Afortunadamente, esta marcha cuenta con bastantes grabaciones y es junto, quizá, con "Desamparo" la marcha de Beigbeder más tocada. De todas las grabaciones, son las más recomendables (a mi parecer) las que realizara en su día Banda de La Armada de Madrid y Tejera.
CRISTO DE LA EXPIRACIÓN (1921) Germán Álvarez Beigbeder
Municipal de San Fernando

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