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JOSÉ
MANUEL BERNAL MONTERO
Director de la Sociedad Filamónica
Ntra. Sra. de la Oliva (Salteras)

Salteras
es un pueblo pequeño, pero ello no es impedimento para dar cabida
a dos grandes bandas. El magnífico local de la Sociedad Filarmónica
Nuestra Señora de la Oliva es buena prueba de la afición
musical de la localidad. En él nos recibe con sumo agrado su director,
José Manuel Bernal.
Patrimonio
Musical. ¿Qué es la música para José
Manuel Bernal?
José Manuel Bernal. La música es la vida,
ni más ni menos.
Empecé en el colegio, con 6 ó 7 años. Estaba
en Valencia -mi padre era emigrante- y mi compañero de
pupitre estudiaba el Eslava. Me interesaba mucho aquello que estaba
haciendo, tenía un misterio.
Al poco de empezar a estudiar música nos vinimos a Alcalá,
nuestra casa, y entré en la Banda Municipal. Mi tío
era músico, mi abuelo era músico
siempre ha
habido en mi familia un músico por generación, por
lo que tuve cierta facilidad para estudiar.
Fui descubriendo la música poco a poco, desde Tanhauser,
en una versión de un antiguo disco estéreo. Tendría
unos 9 años y creía que aquello era lo más
grande que podía hacer el ser humano
No entiendo la vida sin la música. Aparte de que vivo de
esto es mi afición y mi manera de ver el mundo.
P.
M. La Oliva es una entidad con una gran importancia. ¿Qué
siente ante esa responsabilidad?
J. M. B. Es una responsabilidad bastante grande, pero el
hecho de que la entidad crezca depende de todos y cada uno de
los miembros de la banda. Por tanto yo no soy más que una
parte de ese todo que lo que hace es que la banda no se quede
en un sitio determinado, sino que sea más importante cada
día, arriesgando un poquito, incluso económicamente.
Es un disfrute enorme y un honor poder trabajar con esta gente.
Cada día que paso con ellos es un momento de gozo.
P.
M. Háblenos de Jesús de las Penas, una oración,
pues de entre sus marchas es la que más reconocimiento
ha adquirido, sobre todo en los últimos años.
J. M. B. Ha ocurrido como en otros aspectos de la vida.
Hay gente a la que le gusta algo que tú no ves tan perfecto.
Veo muchas imperfecciones en esa marcha. Trabajé mucho
en ella, pero la considero como una "marcha de juventud",
de las primeras que hice seriamente -he quemado y roto muchas
porque no alcanzaban la calidad exigible-.
Hice un juego con la estructura, un puzzle. Es una especie de
rondó-marcha más que una marcha propiamente dicha.
Creo que su éxito tiene que ver con el melodismo: partes
muy andaluzas, una de las cuales sorprende un poco, pues es de
escalas gregorianas y suena algo "raro". Luego entra
en una armonía mucho más clásica y andaluza.
El fuerte de bajos es sorpresivo, entra en piano, crea unas tensiones
de las que no era consciente al escribirlas. Sin embargo, cuando
escuché el resultado me sorprendió muchísimo
la tensión que llega a crear el trabajo en piano con las
corcheas moviéndose en los bajos y la tensión de
las armonías, que es en las flautas -algo más moderno-.
Al concluir el fuerte de bajos, se reexpone, transformado, el
tema introductorio de lo que sería, normalmente, el trío
-en este caso doble-. Finaliza la marcha con la reexposición,
también variada, del segundo tema.
Esa estructura nadie la ha utilizado, y es lo que más elaboré.
Normalmente no lo hago así. Creé una estructura
y sobre ella di forma a la marcha con la inspiración que
iba teniendo -la inspiración no te la enseñan en
ningún sitio, la tienes o no la tienes-.
P.
M. Entonces, cuál de sus marchas cree que está más
lograda.
J. M. B. Dominus flevit. Y como trabajo interesante de
contraste armónico, Cristo de los Cruceros (dedicada a
la hermandad de Alcalá del Río), que tiene un principio
mucho más contrapuntístico. Es una visión
del Cristo desde un plano muy cercano, viendo su cara, sus heridas;
te vas alejando y ves cómo el pueblo disfruta la Semana
Santa.
Tiene muchos saltos, contrapuntos, juegos rítmicos
es muy difícil de interpretar.
P.
M. ¿Algún autor que le inspire decisivamente?
J. M. B. Claramente, sí. Ricardo Dorado siempre
ha sido una referencia clara, sobre todo cuando empecé
a estudiar, en concepto de instrumentación o armonización.
Cuando estás en el conservatorio, nadie te enseña
qué es una banda de música ni como tratarla. Por
tanto, la instrumentación para banda española hay
que estudiarla sobre la base de los autores, las fuentes.
Siempre me ha interesado muchísimo igualmente Cebrián,
y Gámez Laserna por el concepto de utilización de
las trompas y el saxofón, al que lleva a unos límites
increíbles (puede llegar a trabajar un Mi o un Fa).
Dorado es más conservador, busca más el efecto.
Por ejemplo, en las octavas, la banda se cierra y con Laserna
se abre. Las tesituras entre tuba y flauta se diferencian una
barbaridad -en el tratamiento continuo-.
Beigbeder también me interesa, pero para trabajar como
él hay que tener bandas completísimas: dos fagotes,
barítono, un clarinete bajo como mínimo
músicos
muy buenos
Cada instrumento adquiere una personalidad individual.
P.
M. La Banda de la Oliva se ha caracterizado desde su fundación
por su vinculación con el mundo de las cofradías,
pero bien es cierto que no sólo se limita a eso.
J. M. B. La cuestión es que hoy día dedicamos
a las cofradías un mes. El resto del año lo dedicamos
a obras clásicas, obras para banda
por una razón
muy sencilla: el músico disfruta mucho más. Los
requerimientos técnicos son mucho mayores, y muchos chavales
que estudian en el conservatorio se aburren con las marchas, de
las que hay muy pocas que les inciten a estudiar para adquirir
dominio técnico. Lo demás es trabajar y conjuntar,
para lo cual es más interesante un coral de Bach, por ejemplo.
Ahora mismo estamos con La cabalgata de las walkirias, Guillermo
Tell, un concierto de saxofón muy interesante que está
preparando nuestro solista y Primera salida de Don Quijote, de
Esteban Vélez. Se trata de un interesante poema sinfónico
que creemos idóneo para conmemorar el cuarto centenario
de la edición de El Quijote -además, como aficionado
a la lectura siento gran predilección por esta obra-. Tiene
una gran dificultad técnica y requiere muchos ensayos.
El resultado es que después de once meses trabajando obras
así, coges cualquier marcha como Soleá, dame la
mano, El Cachorro o Saeta cordobesa y presenta menor dificultad
para el músico. Tocar esas marchas es difícil, pero
desde el punto de vista de la conjunción y del sonido compacto,
no desde el punto de vista del trabajo con la partitura.
P.
M. Por lo tanto podemos hablar de bandas de música y de
bandas de palio
J. M. B. Sí, hay bandas que se dedican a la Semana
Santa como razón de ser -cosa muy respetable- pero nosotros
le damos a ese aspecto una visión más crematística,
de supervivencia. Las procesiones se hacen, se disfruta mucho
-yo sólo he estado un año sin salir en Semana Santa
y lo pasé fatal- pero el objetivo de la banda es la cultural
musical, que la identidad sea la música y no una hermandad
concreta.
P.
M. ¿Cuánto tiempo se puede tardar en preparar una
marcha?
J. M. B. La mayoría de las cosas nuevas que nos
llegan, si no hay ningún problema, basta con mirarla una
vez.
Cuando grabamos Amarguras en un disco anterior, empleamos, por
ejemplo, una hora y media para 18 compases. Es una marcha con
un gran interés, se ha tocado mucho y por lo tanto tiene
pequeños vicios que hay que corregir. En casos así,
sí hay que echarles mucho tiempo, pero si no, no con un
ensayo, sino con diez minutos, es suficiente.
Esta es una de las razones por las que vamos en contra de estas
coplillas baratas actuales.
P.
M. Sin embargo, pese a que en términos musicales esas cancioncitas
son de un interés nulo, hay músicos que las elogian.
J. M. B. Son músicos enfermos.
P.
M. Pasemos a la actualidad: Mektub. ¿Cuál es el
origen de esta idea?
J. M. B. Es un conjunto de circunstancias. Cuando comenzamos
a plantearnos una nueva grabación, pensamos en primer lugar
qué queríamos hacer.
El disco en el que grabamos la Marcha fúnebre de Chopin
quedó bien, pero no me acababa de convencer. La discográfica
nos obligaba a grabar el 80% de las marchas. El resto lo podíamos
elegir nosotros. Decidimos que ese pequeño porcentaje fuera
de marchas de músicos de la banda, para lo que se hizo
una votación entre los propios miembros. Me sorprendió
un poco el resultado, porque una de las más votadas no
fue la que yo hubiese elegido.
Había cosas que había que cambiar: el sonido de
la banda, lo que yo quería que sonase en realidad y las
marchas que queríamos grabar.
Entonces me pareció que no se presentaba un futuro claro,
sino que habíamos llegado al final de una etapa en la que
nos habíamos topado ya con que el gusto de algunos músicos
se estaba pareciendo demasiado a algo que no estaba relacionado
con el trabajo que realizamos durante todo el año.
Entre eso y pequeños problemas entre la banda y la discográfica
-más bien entre el intermediario y la banda- vimos la posibilidad
de cambiar de casa discográfica.
Melody Records se había puesto varias veces en contacto
con nosotros. Planteamos la libertad que podríamos tener
para grabar el disco, incluyendo la portada, contraportada, etc,
además de la elección de las marchas.
Nos parecía que la visión que se le estaba dando
a la mayoría de discos era un poco insultante y vimos que
la única posibilidad que nos quedaba era cambiar de compañía.
Llegamos a un acuerdo con Melody. Podíamos meter la pata,
pero todas las personas involucradas en el disco tenían
los conceptos muy claros: hacer música.
Nos pusimos a tantear marchas, autores, buscamos dónde
podríamos conseguir partituras
nada fácil.
Ya llevábamos más de un año -a raíz
de El llamador de Canal Sur- hablando de Margot. Antonio Triguero
(hermano del Cachorro) nos facilitó la partitura de piano
y vi que era verdadera música, de un nivel increíble.
Me extrañó que la gente no la conociera.
Turina es un gran olvidado. Es cierto que la música andaluza
es un concepto que duró muy poco tiempo, pero era plenamente
definitorio de lo que era Andalucía: Falla y Turina.
Es un tipo de música que nadie cultivaba -el único
que se les parecía en algunos momentos era Debussy-. Es
decir, Andalucía tenía una personalidad muy fuerte
en el ámbito internacional.
Esta visión de la música andaluza se perdió
con la Guerra Civil. Después, se hace música relacionada
con Madrid, Toledo, etc. Aquí se perdieron orquestas, bandas
P.
M. Una de las grandes pérdidas fue Manuel Font de Anta,
que se quedó prácticamente a las puertas de lo que
podría haber sido.
J. M. B. Sí señor. De todas formas, una persona
sola no hace nada, no es capaz de romper un estilo, como sí
hizo esa gran tragedia. Con la guerra muchos partidarios de ese
carácter andaluz se tuvieron que marchar, unos obligados
y otros por propia voluntad.
Con la crisis económica y el hambre que conlleva la posguerra,
los primeros que caen son los artistas, porque ¿quién
iba a tener para pagar una entrada de teatro o concierto?
Posteriormente aparecen grandes creadores, como Gámez Laserna,
pero el carácter cambia.
Hay algo interesante como Después de la Madrugá
(dedicada a la Virgen del Patrocinio) de David Hurtado -profesor
del conservatorio-. Está muy basada en ese carácter
andaluz de Soleá, dame la mano, pero a la hora de llevarla
a cabo nos encontramos con el problema de que nadie enseña
a conocer una banda, por lo que a veces es irrealizable lo que
se pretende, no difícil, sino impracticable.
P.
M. Sigamos con detalles sobre el disco.
J. M. B. Cuando descubro que Margot se podía adaptar
perfectamente a marcha procesional, me pongo manos a la obra.
El trabajo duró tres meses, casi todas las noches del verano.
Compré incluso un ordenador para hacer las partituras,
ya que hice varias versiones.
Preparar un disco requiere mucho trabajo, por amor al arte. En
este caso, el trabajo se multiplicó.
Ya antes del verano habíamos grabado El ocaso de los dioses
-teníamos muy claro que queríamos incluirla- y Nuestra
Señora de Guadalupe. En esta última vimos que, aunque
en la partitura aparecían claramente corcheas, se solían
interpretar como negras. Entonces descubrimos que esta marcha
de Pantión tenía mucho carácter, no era una
marcha cualquiera y tenía mucho que ver con la imagen a
la que está dedicada. La Virgen de Guadalupe es una imagen
muy joven y escuchar el trío es ver la juventud de la imagen;
el principio de la marcha refleja la procesión, con ese
carácter "saltarín" y un poquito puntillista,
con intención de contrastarlo con el trío.
Hay que intentar mostrar a la gente lo que el autor pretendía,
aunque hay quien no lo entienda.
Ramón -uno de nuestros músicos- aportó algunas
ideas, el foro incluso -el famoso foro- tuvo alguna influencia
A partir de ahí comenzamos a estructurar el contenido para
que tuviera entidad propia.
Abre una marcha con cornetas y tambores -La estrella sublime-
y después hemos ido contrastando las marchas evitando que
hubiera dos marchas seguidas con un mismo carácter. El
disco en sí termina con Nuestra Señora de Guadalupe.
El ocaso de los dioses es una coda, una conclusión.
Nuestra intención es una obra de conjunto, no una simple
sucesión de marchas, para que cuando la gente la escuche
el interés se mantenga, porque va contrastando la personalidad
de cada una de las marchas: las trompas o clarinetes en Saeta
cordobesa, el carácter de Candelaria
Aquí ha colaborado hasta el apuntador.
P.
M. La elección de marchas debe ser un trabajo arduo, porque
buenas marchas hay, y muchas.
J. M. B. El problema residía en qué marchas
buenas podían entrar en el concepto de obra que buscábamos.
P.
M. ¿Y la repercusión? ¿Va a quedar sólo
entre los círculos más "fatigas" o cree
que está llegando a un público más amplio?
J. M. B. Yo creo que se está difundiendo mucho.
Es como si tienes un platito de chicharrones y otro de jamón
de pata negra. Normalmente preferirás el jamón aunque
alguna vez piques un chicharrón.
Curiosamente es el único disco con el que la gente se me
ha parado junto al coche por la curiosidad que despertaban las
marchas. La gente no es tonta, le gusta lo que está bien.
P.
M. Por tanto este disco va a ser el comienzo de una serie.
J. M. B. Sí, eso te lo puedo asegurar -tenemos varias
ideas-. Lo complicado va a ser superarlo, porque la repercusión
mediática ha sido sorprendente, tanto en el conservatorio,
como en la radio, etc.
De hecho, he entregado a la Banda Municipal una copia de Margot
-ya me la habían solicitado hace tiempo-, aunque eso sí,
adaptada al potencial de su plantilla.
P.
M. Hemos asistido a la verdadera recuperación de La estrella
sublime, porque el destrozo que ha sufrido con el paso de los
años es increíble. ¿Se trata de la punta
del iceberg?
J. M. B. Exactamente. No sólo el destrozo del paso
del tiempo, sino también el de los mismos músicos,
que han entrado como caballos desbocados en una cacharrería
y han empezado a coger obras tradicionales, unas veces por motivos
económicos y otras por ignorancia, y las han destrozado.
Nosotros mismos creíamos que La estrella sublime estaba
bien. La sorpresa fue cuando empezamos a ensayarla para la grabación,
y me di cuenta de que aquello no había por dónde
cogerlo. Es una marcha que no hace falta ensayarla porque está
muy trabajada, como ocurre con Virgen de las Aguas, Virgen de
la Paz, Pasan los campanilleros
Cuando pusimos las partituras para empezar a ensayarla, vi fallos
desde el primer compás. Incluso algunos músicos
estaban ensayando sin partitura, de memoria. A partir de ahí
es cuando empiezo a trabajar papel por papel. Fue increíble,
no había ni una sola partitura sin algún error:
ligaduras mal puestas, pasajes que tienen que sonar destacados
para que contrasten ritmos ternarios con ritmos binarios -que
es un juego que le gustaba mucho a Farfán- etc.
El primero que aprendió la lección fui yo.
P.
M. Por lo tanto, hay que acudir a los manuscritos, que no es nada
fácil.
J. M. B. Hay que acudir a los manuscritos, a las fuentes,
lo cual no es fácil, porque quien los tiene no los suelta
y el daño que está haciendo con esto
porque,
vale que no quiera regalarlo si no tiene la voluntad de difundir
un patrimonio, pues que los venda. Pero ni así.
P.
M. ¿Qué pretenden "los acaparadores" con
eso?
J. M. B. No lo sé. Es como el que compra una gran
obra pictórica para tenerla en el sótano fortificado
de su casa, y eso tiene que estar en un sitio que la gente lo
pueda ver, disfrutar, aprender de él. Es patrimonio de
la humanidad.
Pues con la música pasa eso, ¿quién le ha
dicho que eso es suyo? Es un ladrón. Le estoy diciendo
que se lo voy a comprar, que le voy a dar las gracias, que voy
a poner su nombre como título en la portada si quiere
P.
M. ¿Puede tener parte de culpa el que la música
procesional actual se haya vulgarizado o devaluado?
J. M. B. La idea que yo tengo de la música de procesión
actual, tiene que ver con la opinión que tienen de los
músicos muchas de las personas relacionadas con las hermandades,
esto es: personas poco preparadas tanto cultural como técnicamente,
que van a divertirse a las procesiones y que no van de penitencia.
Están un poco equivocados; hoy día los músicos
se preparan a conciencia en los conservatorios en todas las disciplinas,
y cuando salen en una cofradía es trabajando -excepción
hecha de las bandas de las hermandades, obviamente, que van de
penitencia-.
Yo veo la Semana santa como una representación de la pasión,
muerte y resurrección de Jesucristo. Cuando las hermandades
salen a la calle están haciendo una representación
dramática -porque es de ahí de donde provienen históricamente-.
Esta representación tiene muchos elementos: danza -el movimiento
de los pasos-, la estructura de los nazarenos, elementos visuales
interesantísimos
y por supuesto tiene una parte musical
a la que se le puede dar dos visiones: la del que quiera llevar
un acompañamiento serio, de calidad, y la del que quiere
llevar una revista musical detrás (como Jesucristo Superstar
en su día). Tienen cabida ambas porque ambas existen.
El músico, desde el mismo momento en que se vende y entrega
a los costaleros, a los capataces y a la idea del gran público,
está rebajando su carácter y su persona, y se está
metiendo en un terreno en el que se ha vendido a lo fácil,
al aplauso. En el momento en que se vende, no es nadie.
Cuando la gente te ve en la banda como alguien sin importancia
al que se puede manejar, a quien se le puede pegar voces con un
capirote
Eso lo he vivido yo con gente con la que te tomas
una cerveza hablando de la hermandad; llega por un error o una
confusión con una marcha y te pierden el respeto porque
eres lo último que hay en una cofradía, aunque en
realidad eres lo más alto, porque la música es lo
que más llega al corazón y no pasa por ningún
otro filtro. Es disfrute, gozo, que no tiene nada que ver con
lo bonito o feo que esté algo.
El músico ha sido degradado hasta ese punto. La visión
dentro de las hermandades es que el músico está
para hacer lo que a ellos les dé la gana, y en hermandades
en que no es así, en que el músico es una persona
que va a colaborar, lo que ocurre es que costaleros o capataces
piensan que el músico está para servirles a ellos
y un músico no es un sirviente.
Así estamos, intentando dignificar la música y al
músico dentro de las cofradías. Nosotros no somos
unos meros monigotes, sino que cada uno es un artista, al que
se tiene que respetar.
P.
M. Los grandes maestros de la música procesional, ¿por
qué lo son? ¿Todo lo anterior es bueno y lo actual
es malo?.
J. M. B. Ni muchísimo menos. Los grandes maestros
lo son porque ha pasado el tiempo suficiente para que sepamos
que lo son. Estos grandes maestros tuvieron en su día los
mismos problemas que nosotros hoy. Gámez Laserna lo pasaría
igual de mal con algunas cofradías.
Es el tiempo el que te dice quién es un gran maestro porque
ha sido capaz de mantener unos conceptos claros desde el principio
hasta el final, y en el conjunto de su obra ha demostrado que
lo es.
Un ejemplo actual: Pedro Morales. Tiene un recorrido vital enorme
y se ve claramente que sabe perfectamente lo que hace; sus marchas
tienen un carácter determinado, muy propio, y su creación
musical tiene un sentido.
Luego hay otros que no lo tienen, porque escuchas cosas tan heterodoxas
que te dejan tan sorprendido como para preguntarte qué
ha hecho en realidad aunque lleve toda su vida escribiendo. No
ha aportado nada.
Después están las estrellas de un día, que
han hecho música que ha triunfado uno o dos años
pero que se ha perdido después. ¿Por qué?
Porque no tenía más interés. La gente espera
que salga la marcha tal o la marcha cual para ver la que será
el pelotazo del año y cosas así. Pero eso es cuestión
de la moda y del marketing. A mí no me estorban, están
ahí y si hay que tocar ciertas cosas, pues bueno, se tocan;
te lo van a pedir y te van a pagar por ello.
Por otra parte están los jóvenes, a ver qué
van a portando. No se trata de que se pongan de moda -eso me da
mucho miedo-. De hecho mis marchas no se las doy normalmente a
nadie. Las tocamos aquí y poco más. Si hago una
marcha para una determinada hermandad y para un determinado momento,
que sea en ese momento cuando se interprete. Si en otro momento
se quiere interpretar o no, me da igual. Lo que a mí me
interesa es escribirlo, y cuando te pones a escribir música
es porque tienes esa necesidad, no por un compromiso adquirido
o por obligación. Y con el ambiente musical que hay últimamente
en Semana Santa, te pones a llorar. Escuchas en la radio hablar
de una marcha
con la cantidad de músicos que hay
y están dando bombo, no voy a decir a un silbador, sino
a un payaso.
Da pena por el nivel cultural que tenemos en Andalucía,
que parecía que con la democracia iba a mejorar, pues por
eso tenemos una Junta, un gobierno, gente que se dedica únicamente
a crear orquestas grandes y a gastar muchísimo dinero en
una cultura que no es nuestra. Hay que hacer funcionar bien los
conservatorios, dedicarles los esfuerzos necesarios. ¿A
mí para qué me interesa una orquesta con 80 músicos
rusos? ¿Para que toquen música rusa o para que Turina
suene a ruso? ¿Para eso una orquesta andaluza? ¿Por
qué no se dedican a fortalecer la educación desde
la base, para que los críos cuando salgan de la escuela
sepan quién es Turina no porque lo hayan estudiado, sino
porque lo hayan escuchado y lo identifiquen? Pero es que en el
resto de la cultura pasa exactamente igual.
Un ejemplo esclarecedor. Este verano, en una entrevista, la consejera
de Cultura comentó en relación con Baremboin, que
una joven violinista estaba muy contenta porque en poco más
de un mes había aprendido más que en toda su vida
en el conservatorio. Esto denigra al conservatorio. Pero esa cría
ha entrado allí tras pasar una prueba, y venía preparada
del conservatorio. Es normal que cuando entra en una orquesta
-porque no hay ningún convenio para que los músicos
del conservatorio hagan prácticas- se haya quedado sorprendida,
pero es gracias a toda la base que ha adquirido.
O sea, que seguimos tirándonos piedras sobre nuestro propio
tejado, y los primeros los políticos.
PÁGINA
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