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LA MARCHA PROCESIONAL DE FRANCISCO JAVIER MORENO * En Málaga existen dos grandes marchas con el mismo título, dedicadas al crucificado del Amor. Cristo del Amor es el rótulo que adorna las partituras de la marcha que ideara Alberto Escámez para cornetas y tambores y de la que compuso Francisco Javier Moreno hace algo más de diez años para banda de música. Aquél es una leyenda de la historia de la marcha procesional, considerado como el padre del estilo de piezas para cornetas y tambores, archiconocido en Málaga por su labor como director musical en la Banda del Real Cuerpo de Bomberos de Málaga; éste, por su juventud, no ha tenido todavía tiempo de trascender, pero va camino de ello y puede considerarse como miembro de ese grupo que está sumergiendo a la marcha malagueña en una edad de oro. Ambas composiciones son austeras, serias. Una, con reminiscencias militares y la otra con claros signos sinfónicos. De Escámez se ha escrito mucho, en cambio de Moreno bien poco.
Sus marchas procesionales. Cristo del Amor y su trascendencia No tardaría en traslucir sus enormes virtudes para la composición. Tal es así que su primera marcha procesional, Rey de Reyes, la escribió con la sorprendente edad de doce años. Desde entonces, este joven músico no ha cejado en la labor creativa hasta la actualidad y su vinculación con las cofradías ha ido incrementándose con el paso del tiempo.
Todas, salvo una, están dedicadas a imágenes malagueñas. De entre ellas, destacan algunas sobre otras. Precisamente, en estas líneas nos detendremos con atención en las más destacadas, con el objeto de resumir, a través de estos ejemplos, el enorme potencial que cabe en las partituras que salen de su cuño. Como subrayábamos al principio, Cristo del Amor es, a buen seguro, su marcha más conocida. No es para menos, desprendiendo la belleza que desprende. Si sólo hubiera escrito hasta la fecha esta marcha, de ninguna forma faltarían motivos para citar su nombre entre los compositores contemporáneos del género más sobresalientes. Cristo del Amor es un vivo retrato de una cima de inspiración que experimenta el compositor, con sólo dieciséis años. La partitura transpira esta sensación en todos sus compases, del primero al último, sin distinción, y con probabilidad es esta característica la que consigue atrapar al oyente cuando la escucha por alguna banda de música. De hecho, el mismo Francisco Javier Moreno así lo reconoció en una entrevista concedida a Alejandro Cerezo para El Cabildo, donde confesó que con «Cristo del Amor buscaba una obra sólida, bien cohesionada y con interés». El secreto por el que Moreno dota a esta obra de cohesión y un sentido de unidad total, es la fuerte inspiración en el proceso creativo que le permite generar una idea melódica escueta, precisa y a la vez preciosa. Bajo esta idea, envuelta en una célula que se derrama sobre el resto de la marcha en forma de frases, Cristo del Amor responde al tipo de marcha en el que se expone un tema que luego se desarrolla a lo largo y ancho del resto de la marcha, gracias al uso de numerosos recursos musicales. Así, el motivo fundamental de la obra viaja por distintas agrupaciones de instrumentos y por diversas tonalidades, alcanzando una idea circular que permite fácilmente que el oyente entre directamente en la partitura por la recurrencia melódica. Un procedimiento que ya siguieron Manuel Font de Anta en Amarguras, Beigbeder en Cristo de la Expiración o Eloy García en Alma de la Trinidad y con el que Moreno acierta en su uso y disposición. El cariz fúnebre y melancólico y los propósitos sinfónicos de la partitura son dos factores más que se suman al resultado tan brillante que obtuvo el compositor al concebir semejante obra de arte, que no ha tenido que esperar a que pasen demasiados años para erigirse en una de las marchas más emblemáticas de la Semana Santa malagueña. Otras marchas Otra marcha que sobresale en su repertorio es Soledad del Sepulcro. Espectacular en muchos de sus pasajes, se trata de una marcha fúnebre donde la melodía responde a la de una composición solemne, lenta, muy apropiada al tipo de paso de la Semana Santa de Málaga. Se alcanzan momentos dramáticos y oscuros como las frases en las que los metales bajos protagonizan un breve discurso. En esta marcha, su autor usa multitud de recursos y se alimenta de más ideas melódicas que en el caso de Cristo del Amor. Pax Malacitana se diferencia de las anteriores en su carácter jovial, con abundantes llamadas de trompetas evocadoras de música castrense. Se enmarca en una estructura muy clásica, deudora de los Farfán y Morales, que consta de introducción, tema principal, fuerte de bajos, reexposición del tema principal y trío final. Hasta aquí una breve disección de algunas de las marchas de Francisco Javier Moreno, un joven compositor que hace que merezca la pena continuar en la divulgación de los grandes valores de un género tan popular y arraigado en Andalucía. Grabaciones discográficas FUENTES: CARMONA RODRÍGUEZ, M.: Un siglo de música procesional en Sevilla y Andalucía. Sevilla, 2000.
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