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JESU-CHRISTUS, DE MOISÉS GARCÍA ESPINOSA El primer tercio del siglo XX constituye en gran manera la época de la consolidación de un estilo cofrade netamente sevillano: los diseños y bordados de Juan Manuel Rodríguez Ojeda, la configuración iconográfica de Castillo Lastrucci, etc. Este inusitado auge que fue tomando la música que se interpretaba tras los pasos por parte de las bandas de música comenzó a finales del S. XIX, cuando aparecen las primeras composiciones con dedicatoria expresa a imágenes de las cofradías. Sin embargo, son relativamente pocas, hasta que llegada la década de los 20 aparecen con mucha mayor asiduidad. La música en las procesiones iba despertando cada vez más interés, y no sólo en el ámbito estrictamente musical, sino también entre los espectadores de la Semana Santa. Buena prueba de ello es la información y las crónicas que aparecen en los diversos diarios de la época. Resulta sumamente ilustrativo el extenso artículo –anónimo- del diario “El noticiero sevillano” con fecha 5 de marzo de 1921, que, si bien más pretencioso de lo que finalmente resulta, ofrece un interesantísimo reflejo del momento musical de la Semana Santa:
La música cofradiera, como todo lo de la Semana Santa sevillana, está en perenne renovación, es tradición viva; es de hace años, siglos, y de este año, y del que viene […] Hemos tenido el gusto de escucharla, merced a una fineza de su autor y de la banda que tan acertadamente dirige. Y esa ha sido la primera emoción cofradiera que hemos sentido. Es de una conmovedora evocación del Via Crucis. En la primera parte, la marcha de la procesión poco a poco va sugiriendo el paso de Jesús por la calle de la Amargura. De pronto estalla el dolor; y entonces no sabemos si éste es el de las mujeres de Sevilla o el de las mujeres de Jerusalén. Luego, ante la presencia de Jesús el dolor humano enmudece. Y la marcha concluye acompasadamente para rimar con el paso divino de Jesús al Calvario. Crónicas tan detalladas denotan claramente un interés en la materia, y si hay interés es porque precisamente hay materia. Es también claro el empeño de personalizar la música que sonaba tras los pasos, dedicándola a las imágenes que procesionaban. Así, vemos citadas composiciones en absoluto pensadas para una procesión aunque muy comunes –algunas hoy día incluso- como Ione de Petrella, la Marcha fúnebre de F. Chopín o la homónima de S. Thalberg, junto a otras recientes y de inspiración claramente local, como la Marcha fúnebre a Nuestro Padre Jesús de la Pasión, de Turina o Virgen del Valle de Gómez-Zarzuela. Retomando nuevamente la frase que poco más arriba aparece “La música cofradiera, como todo lo de la Semana Santa sevillana, está en perenne renovación, es tradición viva; es de hace años, siglos, y de este año, y del que viene” podemos comprobar que, 86 años después, sigue siendo una realidad. De todas las marchas que se han citado hasta ahora, unas siguen interpretándose asiduamente, (Ione, Virgen del Valle o las de Font de Anta), otras se escuchan muy esporádicamente, caso de la Marcha fúnebre de Chopín, y otras no se escuchan desde hace muchos años, como ocurre con la elogiada Jesu Christus. Muchas veces los cofrades, en esas largas horas de lectura de libros y publicaciones cofradieros observábamos la existencia de una marcha titulada Jesús, del año 1921, compuesta por Moisés García Espinosa y dedicada a la Hermandad de Jesús ante Anás, vulgo “La bofetá”. Pero no era más que un dato, bien curioso, bien archivístico, pero un mero dato al fin y al cabo. Nadie ofrecía más información que tal simple reseña. Moisés García Espinosa, músico militar nacido en Cameros (Logroño) en 1889, dirigió de 1915 a 1931 la Música del Regimiento de infantería de Granada 34. Esta prestigiosa y popular formación musical era considerada “rival” de la otra gran banda militar de por entonces, como era la del Regimiento Soria 9, y mantuvo estrecha vinculación con las cofradías. Por ejemplo, fue la banda que estrenó Virgen del Valle, y en sus filas estuvo varios años –tanto de músico como de director- Manuel López Farfán, que durante su estancia en ella compuso marchas como Spes Nostra o Al Santísimo de la Exaltación. Acompañó a numerosas hermandades hasta la disolución del regimiento en 1931, como San Roque, Montesión, Montserrat, Valle, Macarena… Concretamente la Música de Granada acompañó varios años a la Virgen del Dulce Nombre en los años 20, e incluso la banda de cornetas del mismo regimiento acompañó algunos años al paso de misterio. Es lógica por tanto la dedicatoria de la marcha a una hermandad joven pero que pronto se hizo muy popular. La creación de la hermandad coincide con un período de bonanza económica a nivel internacional -y altamente productivo en el ámbito cofradiero-, y participa de los aspectos que señalábamos al comienzo de este artículo: el diseño del palio y manto -entre las más renombradas obras de Rodríguez Ojeda-, las imágenes, catapulta del gran imaginero Castillo Lastrucci, y una de las marchas más revolucionarias del momento, como fue El Dulce Nombre de Manuel López Farfán. Jesu Christus es igualmente obra de una época excepcional. En un momento tan excelente para la recuperación del patrimonio musical de la Semana Santa, esta marcha debe obtener su lugar. Es parte de la historia de la hermandad. Es parte de nuestra historia.
Bibliografía.
José Manuel Castroviejo López |
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