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"El
sonido y el esfuerzo de la gloria"
Esteban Romera
Estamos
en el ocaso del verano y si nos damos una vuelta por la Ciudad nos dará
todavía la sensación, en determinadas horas del día,
que se para la actividad, dejando casi sin pulso el corazón que
preside la Giralda. Esta impresión subjetiva se puede convertir
en aletargamiento, dependiendo de los grados centígrados que en
un día concreto marque el termómetro de turno. A los escolares
les faltan pocos días para que la rutina se adueñe de su
devenir diario, los árboles están preparándose para
el desmantelamiento de su verde abrigo natural y todos en general esperamos
en mayor o menor medida la llegada del otoño, para volver a lo
cotidiano, aunque algunos querrían veranos interminables. Como
siempre nunca llueve a gusto de todos, o mejor dicho en este caso, nunca
hace calor a gusto de todos. Pero en este paseo por Sevilla existe, entre
muchas otras, una constante que para algunas personas no pasa desapercibida,
sobre todo cuando el sol comienza a esconderse por el Aljarafe y que no
es otra que el sonido inconfundible de las cornetas, trompetas, platillos
y tambores que resuenan desde los diferentes ensayos difuminados por varias
zonas nuestra Ciudad.
Uno que se cree de los “hartibles” de las Cofradías
y que ha participado activamente más de dos décadas en alguna
de estas formaciones y que además durante un lustro de mi vida
he sido componente de una de estas bandas, de lo cual por cierto me siento
muy orgulloso, comprendo el esfuerzo que hay que realizar para llegar
a ser el sonido de la Gloria en cualquier procesión. Para mi, lógicamente,
es fácil discernir esta afirmación. Durante estos cinco
años he concurrido con mis compañeros de cruzada a más
de un millar de esos ensayos maratonianos, teniendo en la actualidad la
sensación que nuestra sociedad no ha valorado suficientemente la
labor que desarrollan este tipo de colectivos y el bien que realizan y
ejercen en nuestros jóvenes.
La juventud de los componentes de estas bandas es una constante que se
repite en la mayoría de ellas, aunque lógicamente existen
algunas más maduras que otras, por lo que se convierten en las
autenticas “canteras musicales” de nuestra ciudad, realizando
además de la faceta musical, una labor social encomiable en la
juventud sevillana y aunque todas las bandas en general lo hacen, en este
grupo esta labor es mucho más acentuada debido a la corta edad
de sus miembros siendo alternativas muy válidas a las famosas botellonas,
y a otras actividades de dudoso contenido y motivación.
Con sus defectos, como los existen en muchos ordenes de nuestra vida,
existe un marcado carácter educativo en dichas formaciones musicales,
intentando ilusionar con un proyecto concreto como es la música
a determinada juventud que puede deambular peligrosamente por nuestras
calles, sin una ilusión ni un modelo definido y aquí pueden
encontrar algo que por desgracia las administraciones públicas
y nuestra sociedad no les ha podido ofrecer adecuadamente.
Dentro de este tipo de bandas, existen en nuestra Cuidad algunas que interpretan
su arte detrás de nuestros pasos de Cristo acompañando a
Nuestros Titulares y durante muchos días de nuestra Semana Santa
y otras procesiones y actos importantes que se desarrollan durante todo
el año. Éstas, generalmente históricas formaciones,
tienen un reconocimiento público muy importante, difundiendo nuestra
cultura, creando escuela y patria por el resto de nuestra geografía
nacional, y en algunos casos, incluso por muchos lugares del mundo. En
este grupo algunas tienen formaciones musicales juveniles e incluso escuelas
de música propias, lo que les hace asegurarse su futuro. Otras,
en cambio, no tienen todavía este nivel musical ni el reconocimiento
deseado y son bandas que acompañan generalmente a cruces de guía
y que trabajan con la ilusión de algún día no muy
lejano demostrar su valía musical en un sitio preminente de nuestro
mundo cofrade, esperando pacientes su oportunidad, teniendo que luchar
contra la historia y en muchos casos creyéndose con hechuras suficientes
para pegar el ansiado“salto” o simplemente subir en el escalafón
músico cofrade de nuestro entorno, encontrándose con los
mismos problemas que las primeras, pero más acentuados, ya que
en general cuentan con menos medios de todo tipo.
Unas y otras son estandarte fiel de Sevilla, cumpliendo cada una su rol
en todo este entramado social y cofrade de nuestro entorno. Muchas de
ellas están vinculadas con Hermandades de la Ciudad, algo que está
en el haber de nuestras Cofradías, pudiendo ser verdaderos medios
para ver la luz de Dios.
Cada vez que escuchemos los sones de una banda debemos recordar los valores
que entrañan este tipo de colectivos tanto a nivel musical como
social y el medio tan eficaz que puede ser para la integración
de personas en nuestras Cofradías. Nuestras bandas son un activo
muy importante para la Ciudad y no una carga por los problemas vecinales
que pueden originar en sus respectivos lugares de ensayo y que la administración
debería solucionar convenientemente, pero sobre todo me gustaría
que sirviera este artículo como homenaje a los centenares de personas
que forman estos colectivos y para que pudiera servir de reflexión
a las personas que no se hayan dado cuenta de su importancia, intentando
humildemente cambiar su mentalidad para comprender a estos jóvenes
músicos. Por eso espero que hoy mismo, cuando caiga de nuevo el
sol, escuchemos con cariño el sonido que se refleja en el esfuerzo
de la Gloria.
ESTEBAN
ROMERA DOMÍNGUEZ
Cíngulo y Esparto
Boletín de las Cofradías, septiembre de 2005
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