Sebastián
Valero: dos marchas procesionales para la Semana Santa Egabrense
Mateo
Olaya Marín
La
década de los noventa del siglo XX había empezado con
el estreno de la última marcha del Maestro Rodríguez,
“Cristo del Perdón”, cerrándose así
un ciclo importantísimo en la marcha procesional egabrense, ni
más ni menos que los orígenes de este tipo de música
para nuestras cofradías. A partir de ahí su estela sería
pisada profusamente por Manuel Aguilar y Manuel González, y de
una forma más puntual por músicos como Juan Antonio Barros
Jódar o Sebastián Valero.
Sebastián Valero Jiménez fue un prestigioso director y
compositor de banda de música, miembro del Cuerpo Nacional de
Directores Civiles. Nació en la localidad jiennense de Huelma
un 25 de diciembre 1926 y falleció en Aguilar de la Frontera
no hace mucho, en octubre del 2002. Su trayectoria como músico,
fulgurante e intensa, le llevó a cursar la carrera de trombón
y a ser también profesor de armonía en el Conservatorio
Superior de Córdoba. Pero esta labor en el magisterio musical
no se limitó únicamente al centro cordobés, sino
también a la dirección de las bandas municipales de Huelma,
Belmez de la Moraleda, Moriles y especialmente Aguilar de la Frontera,
al frente de la cual estuvo durante varias décadas, afincándose
en esta localidad vecina y llegando a ser uno de sus ciudadanos más
ilustres, como así lo significa su nombramiento como hijo adoptivo
de la ciudad.
La Banda Municipal de Aguilar de la Frontera, que hoy lleva su nombre,
está indisolublemente unida a Sebastián Valero. Su historia
no puede entenderse sin la figura y el perfil de este mayestático
músico y compositor donde confluyen dos aspectos que se contrarrestan
irremediablemente. Por un lado, su obra refleja una total maestría
de la creación musical, así como un dominio elevado de
la instrumentación para banda. Por el otro, el contexto espacial,
donde pasó buena parte de su vida, le impidió una mayor
proyección para así poder ser más reconocido a
nivel nacional, lo que no quiere decir que no tuviese méritos
para serlo.
Centrándonos en las marchas procesionales, el listado de éstas
es numerosísimo, jalonado por grandes títulos dedicados
a Aguilar de la Frontera y su Semana Santa, sin olvidar algunas marchas
a cofradías malagueñas escritas en la época en
la que su banda municipal participaba musicalmente en dicha Semana Santa,
y un pequeño regalo que poco antes de morir ofrendó a
la Cofradía del Carmen del Santo Ángel de Sevilla, que
lleva por nombre “Flor del Carmelo”. Marchas como “Sentimiento”,
“Resurrección Gloriosa”, “Sacramento”,
“María Soledad” o “Santa María de la
Salud” son la mejor prueba de que Sebastián Valero es uno
de los compositores más importantes de este género en
la segunda mitad del siglo XX.
Nuestra Semana Santa tiene el orgullo de tener en su acervo artístico
dos marchas procesionales compuestas por él: “Virgen de
los Dolores” y “Virgen de la Alegría”. Como
apuntábamos al principio, son obras realizadas en la década
de los noventa, estando dedicadas a dos imágenes religiosas que
presentan evidentes diferencias en sus expresiones, por lo que las dos
marchas son claramente de cariz contrario.
“Virgen de los Dolores” fue compuesta en la Cuaresma de
1993 y dedicada a la homónima cofradía del Viernes Santo.
La existencia de esta marcha deriva de la gran relación que tenía
el Maestro Sebastián Valero con la hermandad, ya que dirigía
en esa época la Banda Municipal de Moriles, formación
que acompañaba al palio de la Virgen de los Dolores. Destaca
por su solemnidad y estilo melódico, donde el comienzo está
concebido a modo de pequeño grupo de viento metal entonando una
llamada de aire garboso. No muy tarde aparece el viento madera para
empastar con su inigualable dulzura la traza melódica de la marcha,
que sirve como directriz en el tema principal sobre la tonalidad madre
de do menor. Un desarrollo, y vuelta al tema principal, da paso al trío
final de la marcha, en el que se modula a modo mayor para imprimir un
halo de luminosidad y esperanza.
Sebastián Valero firma “Virgen de la Alegría”
en octubre de 1997, tras un encargo del por entonces hermano mayor de
la Cofradía de la Vera Cruz, corporación que venera a
la Imagen a la que está dedicada la marcha, la Virgen de los
Remedios. Fue una de las diversas marchas que escribieron para la hermandad
varios directores de banda con motivo del 475 aniversario de la fundación
de la cofradía. Tanto ésta, como las demás, se
estrenaron en un magnífico concierto ofrecido para conmemorar
dicha efeméride en la Cuaresma de 1998. “Virgen de la Alegría”
es una marcha procesional de aire triunfal, festivo y alegre. Contiene
un papel importante del metal y su acento rítmico recorre toda
la partitura. En el trío se modula a mi bemol mayor y éste
se repite tras un pasaje de inestabilidad armónica y llamadas
en fuerte del metal con movimientos de la madera.
Sebastián Valero: música en estado puro.
Publicado
en La Opinión de Cabra, número especial de la Cuaresma
de 2006