Investigación

La belleza incontenible de una marcha: "Desconsuelo"

Mateo Olaya Marín

8 de Diciembre de 2009


No hay nada más grato y glorioso para un oído humano que escuchar una partitura perfectamente escrita y desarrollada, en la que se trasluzcan unos sentimientos desbordantes y la belleza se transmita con tanta desenvoltura que pareciera que un arte tan etéreo como es la música, se pudiera tocar por unos instantes. Abandonar tu suerte por unos minutos a los caprichos de esas notas, es como navegar hacia un ideal de belleza, hacia un infinito, hacia el lugar en el que nunca habrá de terminar semejante hermosura musical. Algo así se experimenta cuando escuchamos una de las últimas marchas procesionales del pontanés Antonio Moreno Pozo, "Desconsuelo", incluida en el nuevo disco de la Agrupación Musical "Ntro. Padre Jesús" de la Redención de Córdoba (vulgo La Estrella), "XX Aniversario".

Moreno Pozo no es un compositor cualquiera. Desde hace un tiempo se separó del colectivo común del género, para erigirse en una referencia junto a otros nombres como Nicolás Barbero. Reúne las mismas características que éste: talento, vocación, amor y devoción a la Semana Santa y a sus Imágenes Sagradas, formación, visión academicista de la marcha procesional y un sentido inquebrantable para ungir a las marchas de su ineludible aire religioso. "Soberano de la Vera Cruz", "Al Gran Poder", "Sacritus Expolius", "Y Pilatos te Sentenció" son algunos de los títulos que jalonan su repertorio de agrupación musical. En ellos, se veía a un compositor de enjundia, donde paralelamente caminaban la inspiración y los conocimientos sólidos de música. Pero tuvo que llegar "Desconsuelo", para que su nombre pudiera consagrarse entre los grandes.

Antes de que la marcha se bautizara siendo dedicada a la Virgen del Desconsuelo de Córdoba, preciosa Dolorosa de Álvarez Duarte, Antonio Moreno sentía la necesidad de hacer una composición en la que se reflejara el dolor y el desconsuelo que tuvo que padecer María durante la Pasión y Muerte de su Hijo. La tristeza y el desgarro recorren toda la partitura, de principio a fin, haciendo de ella un ejemplo más de cómo las agrupaciones musicales pueden convertirse hoy día en vehículos perfectamente válidos para las interpretaciones de marchas fúnebres y serias, acordes al ornato de hermandades con semejante cariz.

Se encuentra escrita en la tonalidad de si bemol menor. La marcha se caracteriza, como decíamos, por su expresión patética y fúnebre, desgarradora y desesperanzadora en diversos pasajes, perfectos descriptores de las sensaciones de angustia y dolor que tuvo que padecer María. Destacan las progresiones armónicas, los planteamientos contrapuntísticos de ciertos motivos y en definitiva un repertorio de recursos técnicos compositivos dignos de un músico de la categoría de Moreno, tan comunes en él y tan escasos, por desgracia, en otros muchos.

El inicio impacta por la rotundidad del fortísimo instrumental de la banda, que poco a poco se desgrana para alcanzar un agudo y áspero solo de corneta, arropado por un acompañamiento en valores largos. Le sigue un nuevo tema con el diseño de pregunta-respuesta, en el que su autor combina a la perfección las escalas ascendentes y descendentes, para conectar nuevamente con ese material temático tan llamativo expuesto en el inicio en fortísimo.

La música entra en una tensión perfectamente resuelta por su autor, hasta que aparece una frase ejercida por las trompetas sobre un acompañamiento pétreo de los bajos. Se retoma nuevamente el motivo fundamental de la marcha, con la inserción de unos contrapuntos magníficamente ensortijados, que terminan por encomendar el protagonismo a otro solo de corneta, que logra recobrar una relajación musical que parecía lejana tras los compases anteriores. Precisamente será este solo el que nos guíe hacia el episodio final de la marcha, en el que destaca también una llamativa progresión armónica de aire reconfortante y sublime.

El mismo Antonio Moreno, en una entrevista concedida a ABC de Córdoba el pasado 7 de abril (Martes Santo), realizada por Luis Miranda, comentaba, a raíz de la pregunta formulado por el periodista sobre esta marcha, que "el solo de corneta describe el sufrimiento de María (...) Por eso me he querido refugiar en la corneta en su tesitura aguda, para llevar a cabo esta función".

Sólo el tiempo medirá correctamente esta marcha y las proporciones que alcanzará sobre el resto de composiciones que compondrán los anales del género. De lo que no hay duda, hasta hoy, es que la maestría con la que ha sido escrita, unida a una elevada inspiración, han dejado para nuestro deleite un registro sonoro de altísima calidad. Partituras como ésta, son las que marcan la diferencia y la línea, a veces en apariencia tan difusa, que separa las grandes marchas del resto.

Desde Córdoba se lleva más de diez años marcando una distancia, cada vez más sideral, con respecto a las tendencias y evoluciones de las agrupaciones en otros escenarios geográficos excesivamente anclados en una tradición estética, que desde hace un tiempo se agotó. A ello ha contribuido exactamente la Agrupación Musical de La Estrella, que con "Estrella" de González Ríos, hasta "Desconsuelo" de Moreno Pozo, pasando por "Señor de San Basilio" de Nicolás Barbero, siembra el camino de tres pilares que abren unos horizontes ilimitados.

Mateo Olaya Marín
Publicado en la revista Córdoba Cofrade núm. 125, junio 2009

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